Un post de Arturo Crosby

Safaris humanos como producto turístico

Las comunidades locales reducidas a fenómeno de feria

El turismo puede ser un dinamizador económico y social de las comunidades indígenas, pero también puede ser un factor alienante que condene a la postración y la parálisis. La responsabilidad de turistas y operadores turísticos y su papel está en la base de este post de Arturo Crosby.

Safaris humanos como producto turísticoSafaris humanos como producto turístico

Se ha pasado de lo que podría ser turismo étnico, (etnoturismo), turismo comunitario a la forma más convencional de safaris humanos, según ha denunciado en varias ocasiones la organización Survival International, tanto en Perú, India, como en otros países.

Si bien, esta denuncia está justificada con evidencias (relatos, videos, fotografías,….), el tema es la falta de ética profesional y resumidamente de escrúpulos, cuando operadores turísticos y guías profesionales, vuelven a usar las comunidades indígenas, como meros espectáculos o souvenirs y en estas ocasiones, ni siquiera les dan las limosnas correspondientes.

En el caso de la India, los turistas alentados por los operadores y guías, les compensaban con chocolates y algunas golosinas, claro a cambio de fotos y hacerles sentirse como exploradores por unos minutos.

Hace bastantes años, recuerdo, que algunos complejos turísticos, porque no se llamaban resorts ecoturísticos, todavía, contrataban a las comunidades indígenas, para hacer algún show o espectáculo, cuando llegaban visitantes.

También, han existido, siempre, indígenas más espabilados, que cuando recibían visitas, se disfrazaban, para recibirles, atenderles, y tratar de vender algunos productos locales y cobrarles la visita. (a veces desproporcionadamente, por falta de capacitación turística, claro)

Existe algún paralelismo, con la fauna, ya que también se seudo-domestican, animales, sin llegar a convertirlos en mascotas, porque perderían su atractivo, para que los turistas, puedan acercarse e incluso jugar, y de esta forma experimentar sensaciones especiales, también de sentirse explorador, por unos minutos.

Otra forma más cercana a nuestra cultura y geografía, la dio el turismo rural, en sus orígenes, aunque tampoco se llamaba turismo rural, sino salir al campo. Una de las motivaciones principales, era ver quién era esa gente rural y cómo vivían, tan diferente a sus visitantes urbanos, lo que hacían, comían, etc..

Pero, a partir de aquí, una mayoría de la población receptora de turistas, ya fuesen campesinos, agricultores, indígenas o expatriados neorurales, decidió de alguna forma, reconvertirse y tratar de aprovechar estas visitas, para obtener un beneficio económico, porque de alguna forma, eran los operadores y guías, quienes gestionaban este incipiente negocio.

Unos supieron evolucionar y manejar hábilmente, la separación entre patrimonio y recurso cultural propio, que no se debería exhibir sino compartir solo con los allegados y otros se abrieron al público, convirtiéndolo en producto turístico que no en experiencia, perdiendo o deteriorando,  aquello que precisamente les identificaba como diferentes y que les podría generar beneficios.

El mayor problema, sigue siendo, cuando para negocio de unos pocos, se utiliza, sin consentimiento, a comunidades o personas, que nadie les ha preguntado y que probablemente no quieran entrar en dicho juego de mercado.

No me atrevo a juzgar a los turistas o visitantes, que compran dicho producto turístico, porque realmente desconozco, si son conscientes de lo que están comprando, pero es obvio, que una vez realizado el viaje, pocas dudas pueden tener.

Pero al igual, que la gente compra viajes para hacer safaris de caza, y fotográficos de fauna, también ahora se organizan “safaris humanos”, para fotografiar comunidades indígenas aisladas, no contactadas. Es decir personas, que no quieren ser souvenirs de otras. Amen, de los graves problemas de salud, que conlleva dichos acercamientos, con índices de mortalidad, que en ocasiones han diezmado a estas poblaciones.

Cabe resaltar, que otros operadores turísticos, en este caso de Perú, como dicela nota se niegan a organizar este tipo de turismo, lo que dice mucho de ellos. Lo malo, es que se crea una imagen negativa, contra el sector, por no actuar desde el principio, profesionalizándolo y dando más énfasis a la ética profesional y empresarial.

Esto ya es un paso. Y si conocen casos similares, negativos o positivos, compártanlo, con sus comentarios.

 

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