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La empresa abierta apuesta por la imaginación (1ª parte)

2 diciembre, 2009
Llevo varios días reflexionando (no crean, mi trabajo me cuesta) sobre un tema que no consigo sacarme de la cabeza, la empresa abierta. Reconozco que soy recurrente y que me repito más que el ajo, pero qué quieren, tengo dos ideas y de ellas he de vivir.
El caso es que he estado pensando en la empresa abierta y su Némesis, la empresa tradicional. Tal vez sea injusto calificar así la relación entre ambos modelos, porque al fin y al cabo uno es hijo del otro y no se puede hablar de enfrentamiento u oposición visceral, sino más bien de coexistencia y en algunos casos de complementariedad. Sí hay sin embargo algunos elementos que se dan en la empresa abierta y no, o al menos no en igual medida, en la tradicional.
 
Como dice el titulo del artículo, la empresa abierta apuesta por la imaginación. Comenzar a hablar desde esta posición maximalista, pereciendo sobre todo que se afirma que esa imaginación no se da en la empresa tradicional, es peligroso. No es cierto que la imaginación no esté presente en la empresa tradicional, pero sí lo es que esa imaginación, esa creatividad si se quiere llamar así, tiene una naturaleza distinta a la de la empresa abierta, y todo porque los elementos que definen a ambos tipos de organización son distintos.
 
La empresa tradicional es una organización que define claramente los límites, tanto internos como externos. Se sabe perfectamente dónde empieza y dónde termina la empresa tradicional. Esto, que puede parecer una ventaja es en ocasiones una debilidad, pues la creación de límites limita a su vez la suma de fuerzas y conocimiento que pueda utilizarse para un proyecto o un objetivo más o menos ambicioso. La parcelación de la empresa dentro del entorno en el que se encuentra la aísla y separa de cualquier dinámica de suma, apostando en cambio por un entorno de resta.
 
La creación de límites es, como decimos, no sólo desde el punto de vista externo, sino también interno. La parcelación se refleja tanto hacia el exterior como hacia el interior, creando grupos incomunicados e incapaces de comunicarse adecuadamente.
 
Esta creación de límites fortalece la sensación de posesión. Y posesión no sólo de los elementos físicos, sino también de las ideas y de los conceptos. La empresa tradicional es incapaz de transmitir conocimiento, transmite producto pero no ideas o valor intelectual. Desde este punto de vista la empresa tradicional o es autosuficiente, ya que genera y consume su propio conocimiento, o es hipócrita, pues busca conocimiento fuera y luego no quiere compartir el propio.
 
Hay un hecho claro en la empresa tradicional, funciona a corto plazo. El concepto de ejercicio ha influido tanto en la mentalidad de la empresa que es incapaz de pensar más allá de ese ejercicio. Se consigue así una estructura muy jerarquizada buscando la rentabilidad inmediata, dinámicas de beneficio inmediato, buscando un valor meramente monetario.
 
En el próximo artículo continuaremos desgranando los elementos que consideramos constitutivos y definidores de la empresa tradicional, de modo que contraponiéndola a la empresa abierta puedan estos definirla acertadamente como un negativo de la empresa tradicional, al menos en los puntos señalados.
 
Juan Sobejano (juan.sobejano@hosteltur.com)
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