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Las leyes de la simplicidad

22 diciembre, 2009

John Maeda es un profesor universitario norteamericano, diseñador gráfico e investigador que ha publicado una serie de teorías en las que desarrolla la importancia de la simplicidad en los procesos innovadores. La plasmación de esta teorías se recoge en un libro, Las Leyes de la Simplicidad, en el que muestra diez principios que definen y remarcan la importancia de enfocar los procesos desde la ausencia de complejidad.

Reducir es la primera ley propuesta por Maeda. Los procesos complejos, las realidades complejas han de ser diseccionadas para que sean asibles y asumibles. No cabe un análisis de la realidad y de los entornos si no hemos sido capaces de comprender los elementos que lo componen. La innovación debe ser el resultado final del conocimiento de las partes que forman el objeto de estudio, como primer paso hacia ese resultado innovador.

Organizar para que la complejidad sea sencillez. De nada sirve conocer los elementos si no somos capaces de integrarlos en una estructura lógica y comprensible. La organización es un proceso constructor, creador, al unir elementos en pos de una mejor comprensión.

Tiempo como ahorro del mismo. La simplicidad ha de estar unida al poco tiempo, a la ausencia de procesos largos y temporalmente densos. Si se es simple se es rápido, tanto en cuanto a la comprensión como al desarrollo de un proceso o construcción teórica.

El aprendizaje es fundamental, porque es la base del conocimiento. El conocimiento permite tener los atajos racionales y organizativos adecuados para simplificar el proceso. El aprendizaje enseña caminos que recorrer y descarta otros no deseables.

La simplicidad necesita conocer las diferencias. No podemos acceder a la simplicidad sin conocer la diferencias de los elementos que entran en el proceso. Ayuda mucho asumir la complejidad de un entorno, marcando las diferencias de los elementos que lo componen, para llegar a un entorno más simple en cuanto a su aprehensión intelectual.

El contexto es, por otra parte, un factor fundamental para conocer la simplicidad de una serie de elementos que, como es normal, se encuentran en un determinado entorno. El contexto es definidor en muchos aspectos de gran parte de los procesos y elementos que participan en ellos.

La emoción puede parecer un elemento colateral, pero supone un impulsor de primera magnitud hacia la simplicidad, porque genera un foco de atención en el proceso iluminándolo. La emoción genera impulso, acción, desarrollo y respuesta proactiva.

La confianza es mas bien un resultado de la simplicidad. La ausencia de complejidad nos da una sensación de capacidad de asimilación superior, y por lo tanto nos transmite la idea de que somos capaces de comprender y asumir los procesos y conceptos utilizados.

El fracaso es un hecho que ha de ser asumido como natural en todos los procesos, como posible y en muchos casos incluso deseable. El fracaso es un factor de mejora, de desarrollo y de evolución.

Se trata al final de descubrir lo obvio, de añadir valor a esa obviedad desde la innovación y de encontrar la manera de definirlo desde una simplicidad útil y efectivamente utilizable en los procesos y a través de los conceptos que se generan en torno a esa simplicidad.

Juan Sobejano (juan.sobejano@hosteltur.com)

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