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Por cardinaliacomunicacion, en Innovación

Descubre cuatro ciudades perdidas de León (II)

21 septiembre, 2017 (19:08:41)

La ciudad es la organización más vigorosa y compleja que ha creado el ser humano desde que deambula sobre la tierra. Ciudades dormidas bajo el suelo que pisamos, cimientos dispares o armónicos que afirman el triunfo de su existencia al tiempo que implican la zozobra de su fragilidad.

Pero mucho más instructivo, si cabe, es el paso por la historia de ciudades que no llegaron hasta el presente, que se quedaron en el camino y “desaparecieron”, si puede decirse que algo así desaparece sin más.

Guerras, saqueos, deportaciones, catástrofes naturales o sociales y demográficas, epidemias, mortandades... Casi siempre la pérdida de una ciudad deviene consecuencia de actos contrarios a la idea de civilización.

Cuando esto sucede, la ciudad se convierte en un paraje en progresiva metamorfosis, entre la huella del hombre que lo habitó y una naturaleza que reclama su sitio, en un lento retorno al estado inicial. Es por ello que el emplazamiento de las ciudades perdidas irradia una extraña y fascinante alianza entre naturaleza y cultura, un sereno y frágil equilibrio imposible de reproducir de manera artificial. La seducción de las derrotas.

LANCIA, LA URBE DE LOS ASTURES

La ciudad enterrada de Lancia es símbolo y lugar mítico en la memoria colectiva de los leoneses. Aunque hay trazas de su poblamiento en la Edad del Bronce, su renombre deriva de haber sido uno de los más florecientes castros astures, antigua capital cismontana o augustana (el territorio de los astures a este lado de la cordillera). Así es recordada en las fuentes latinas: “maxima urbs asturum”, la llama Dión Casio, mientras Floro se refiere a ella como “validissima civitas”, quizás en un intento de sobrevalorar al enemigo derrotado.

En efecto, el “oppidum astur” en que los indígenas se refugiaron a la desesperada ante el avance del general Carisio fue cercado y tomado el 25 a. C. durante las guerras Cántabras, el “bellum asturum”, último episodio de la conquista romana de Hispania, derrota que abrió las puertas de El Bierzo y Galicia a los dominadores latinos. La historia de Lancia, en ese sentido, es la de una ciudad a pesar suyo, pues Roma la dejó incólume como testimonio de su victoria, pero, con el paso del tiempo, de aquel poblado indígena de cerca de 30 hectáreas apenas hallamos hoy míseras cabañas de adobe y zócalo pétreo o escombreras que la arqueología empieza a vislumbrar entre las categóricas calles romanas.

En efecto, desde aquel momento, la población pasó a convertirse en una modélica ciudad romana, que obtendría el estatuto de municipio en época flavia (finales del siglo I d.C. o principios del II) contando a la sazón con una traza urbana regular, calles pavimentadas, provistas incluso de conducciones de agua en plomo, un mercado (macellum) y zonas residenciales y termales. Los dos edificios más significativos del conjunto descubierto hasta la fecha son: las termas y el mercado. Las primeras son la habitual edificación de solaz ciudadano que aquí se manifiesta como un edificio de escasa envergadura, luego ampliado, fechado a finales del siglo I d. C. Como es norma, se articula gracias a un itinerario que orienta la circulación por las distintas estancias balnearias: el “apodyterium”, o vestuario, unas letrinas, un “frigidarium” o sala fría con piscina; el “tepidarium” o zona templada y el “caldarium” o sala calefactada a base de “hipocaustum”, pavimento elevado para dar cobijo al aire que calienta un horno.

Por otro lado, el mercado responde también a un tipo canónico común en las ciudades de nuevo cuño: una construcción simétrica, de principios del siglo II d.C., que se abre a la calle principal que discurre de norte a sur (kardo), da paso a dos vestíbulos y a un pasillo porticado. El pasillo da acceso a las tiendas, dos parejas de tres a cada lado. Mercado y termas, sitos en la misma manzana, conservan sistemas de drenaje o cloacas que marcan también las trazas de unas calles que se prolongan más allá de lo que los arqueólogos han exhumado hasta hoy.

La crisis del siglo III llevó a la civitas a un proceso afín al de otras ciudades imperiales. Con el declive de la vida municipal se reutilizan los edificios públicos para usos privados; por ejemplo el mercado, convertido en dependencias domésticas de escasa calidad. A finales del s. IV o principios del V el lugar es abandonado, y, aunque existen evidencias históricas de época visigoda y altomedieval, que incluyen abrigos rupestres, eremíticos o domésticos, el lugar denominado Sublancia en algunas fuentes de be referirse a asentamientos en los valles.

CAMPO DEL AGUA. LA PARSIMONIA DE LAS CUMBRES

Cauce del Burbia arriba, en la sierra de Los Ancares, donde dicen que León va a empezar a llamarse Lugo, el tiempo parece haberse detenido para echar un vistazo a estos alrededores incólumes. Allí, entre brañas y peñascos se aparece Campo del Agua, nombre de los prados, verdeados por manantiales sin encauzar que corrían libérrimos, en que los las bestias “rebañaban” en el estío. Después bajaban al valle, a Aira da Pedra, durante los rigores del clima invernal. Un modo de vida milenario al que responde la arquitectura tradicional de la zona, la más semejante a las viviendas castreñas de hace dos mil años: muros de piedra, viguería de madera y cubierta vegetal que forman las distintivas pallozas o casas de teito. Son viviendas de planta oblonga en las que conviven gentes y ganado, separados por un tabique de madera que permite pasar el calor, y en cuyo sobrado o techo plano bajo la cumbrera se secan las castañas o la matanza, que se cura al humo del hogar situado debajo. Todo espacio y todo uso son de provecho en este espacio esencial.

Las Valiñas y El Regueiral son otros barrios o congregaciones, también de pallozas y algún hórreo propios de este tipo de población dispersa.

Aunque el 7 de octubre de 1989 un devastador incendio forestal se propagó a las pallozas destruyendo la mayoría de las antiguas y de las recién rehabilitadas, sigue mereciendo el esfuerzo acercarse a estos impávidos muros de granito abrigados por el cuelmo vegetal, como quien viaja a un tiempo primordial e inédito.

Destino León es un producto creado por Cardinalia Comunicación y destinado a fortalecer la estrategia promocional existente en la provincia de León. Este proyecto, de concepción transversal e integrado conjuntamente por empresas e instituciones, pretende la puesta en valor de los territorios susceptibles de convertirse en destino turísticos a través de la promoción coherente y sectorizada de cuantos recursos y eventos puedan despertar el interés de los potenciales viajeros

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