Diario 5910 02.06.2020 | 09:47
Hosteltur: Noticias de turismo
Edición España. Entrevista con Charo García Silgo, propietaria y directora del ApartoSuites Jardines de Sabatini

Objetivo de un hotel de guardia: ayudar y cubrir nóminas

El sentido común y la relación con otros directores en sus circunstancias guían sus pasos 16 abril, 2020
  • El sentido común, las indicaciones del cliente y la estrecha relación con otros directores de hotel en las mismas circunstancias se imponen
  • Con una ocupación media del 25% y una caída en la facturación del 75%, García Silgo sólo pretende "responder a esa necesidad y sobrevivir"
  • García Silgo se siente "muy arropada por los directores de otros hoteles y muy orgullosa de pertenecer a este sector, más unido que nunca"

La normativa del estado de alarma diferencia entre hoteles hospital y hoteles de guardia como la aportación del sector a la lucha, según publicó HOSTELTUR noticias de turismo; éstos últimos enfocados a colectivos esenciales. ¿Pero qué ocurre si la normativa, al menos en los primeros días, no especificaba nada más, si no facilitaba indicaciones para poder gestionar la actividad con seguridad para empleados y clientes, si los profesionales no recibían ninguna directriz al respecto? Pues que el sentido común y la estrecha relación con otros directores de hotel en las mismas circunstancias se imponen. Así lo explica Charo García Silgo, propietaria y directora del ApartoSuites Jardines de Sabatini, y desde el principio de esta crisis sanitaria, hotel de guardia.

El ApartoSuites Jardines de Sabatini reúne las características idóneas para mantenerse abierto como hotel de guardia, gracias a sus 56 habitaciones equipadas como apartamentos, cocina incluida, a la que ahora han añadido pequeños electrodomésticos para que el cliente no necesite salir para continuar con su rutina salvo para ir a desempeñar esas actividades esenciales. Aún así, como señala su directora, “hay muy poca demanda y muy específica”.

Así, con una media de ocupación del 25-30%, ahora se alojan profesionales que han venido a Madrid para unirse a la lucha contra el coronavirus aunque no sea personal sanitario, como trabajadores de tanatorios y científicos; reducidos cupos de tripulaciones; personal de infraestructuras, prensa internacional que venía a cubrir la información o clientes de larga estancia que se quedaron sin residencia al cerrar sus hoteles. Todos ellos españoles, cuando antes del estallido de la crisis el 85% de su clientela era internacional.

En el ApartoSuites Jardines de Sabatini siguen estrictos protocolos de limpieza en puntos de fricción críticos como las botoneras de los ascensores.

En los primeros días, ante la petición de ayuda de embajadas y consulados, también acogieron a turistas que aún no tenían asignado vuelo, para evitar que se aglomeraran en el aeropuerto. A todos ellos su propietaria y directora les pide un justificante por email que de alguna manera demuestre la necesidad de alojamiento para poder aceptar la reserva, por si en algún momento se lo requiere la Administración. Pero por propio sentido común. Nadie le ha dado ninguna indicación. Y no es el único caso.

Consulta con el personal

Lo primero que hizo Charo García Silgo fue consultar con su personal la decisión a tomar. En aquel momento incluso tenían clientes alojados de larga estancia como trabajadores repatriados en busca de casa, que mientras dura el proceso se quedaban en el hotel; o clientes corporativos que venían a realizar trabajos de varios meses con salidas previstas al comienzo del verano. Algunos adelantaron la vuelta a su país y otros decidieron continuar con su estancia y quedarse en Madrid confinados.

Para ello se reunió uno por uno con su personal y todos estuvieron de acuerdo en seguir adelante, eso sí, guardando todas las medidas de seguridad para garantizar la salud de todos. El siguiente paso fue reducir servicios para eliminar puntos de fricción, como el buffet de desayuno, ya que ahora lo suben a las habitaciones en bandejas, lo dejan en la puerta y avisan al cliente de que ya lo tiene a su disposición. Al terminar, el cliente vuelve a dejar la bandeja a la entrada.

El hotel se ha visto obligado a reducir plantilla, que extrema en todo momento las medidas de seguridad para proteger a los clientes pero también a ellos mismos.

A la hora de hacer las habitaciones, tienen también en cuenta las indicaciones del huésped ya que, según detalla García Silgo, “no entramos salvo autorización expresa del cliente y siempre y cuando no se encuentre en la habitación porque haya salido a trabajar. En esos casos hacemos el baño y acondicionamos un poco la habitación, pero manteniendo todas las condiciones de seguridad para que el virus no se propague”.

En este sentido admite que “estamos aprendiendo mucho del cliente. Por ejemplo, ante las solicitudes que recibíamos, ahora el servicio de lavandería nos entrega el set de toallas limpio embolsado y precintado, que se lo hacemos llegar al huésped tal cual para que luego las coloque en su habitación. Él por su parte nos deja la ropa sucia en bolsas cerradas en la puerta”.

“Las medidas de seguridad las estamos aplicando a rajatabla y de momento no hemos tenido ningún afectado, ni entre nuestros clientes ni entre nuestro personal”

Falta de indicaciones

Lo cierto es que en los primeros momentos no recibieron indicaciones específicas para su operativa por lo que, como reconoce su propietaria, “nos hemos tenido que buscar la vida”., aunque poco a poco comienzan a establecerse las directrices pertinentes. Una amiga médico, una ex alumna china que le cuenta las medidas que están adoptando allí, y un grupo de Whatsapp con miembros de la Asociación Española de Directores de Hotel (AEDH) de todo el país, son sus fuentes. Grupo que también utilizan para dirigir su ayuda allí donde se necesita, por ejemplo llevando 1.000 gorros de ducha del stock del hotel a las matronas de la Maternidad de O'Donnell.

A través del grupo de Whatsapp de la AEDH dan respuesta a las necesidades que les llegan. En este caso entregaron más de 1.000 gorros de ducha a las matronas de la Maternidad de O'Donnell.

En ese grupo asimismo se informan unos a otros de qué empresa española, -“para ir sobre seguro porque hay productos hechos fuera de la Unión Europea que no están homologados aquí”-, les puede proporcionar pantallas de metacrilato para recepción, dónde pueden conseguir mascarillas para su personal o los mejores métodos de higienización.

Y es que, según indica García Silgo, “como ahora tenemos muy baja ocupación, cuando se marcha un cliente dejamos esa habitación en cuarentena y no entramos a limpiarla hasta pasadas 24 horas de su salida. Hemos analizado diversas formas de garantizar su desinfección e higienización tras el check-out de los clientes y finalmente nos hemos decantado por comprar cañones de ozono que desinfectan en menos de una hora. También existen otras soluciones que están utilizando en China como las lámparas de rayos UV, que incluso se usan en los quirófanos. Al final, después de leer tanta información, normativas y recomendaciones debemos tratar de convertirnos en expertos para garantizar la seguridad de nuestros establecimientos”.

Pero no sólo eso, sino que también han puesto en marcha otras medidas básicas como la toma de temperatura todos los días a sus trabajadores, con la indicación de que no vayan a trabajar si notan algún síntoma; en cada cambio de turno, limpieza con una disolución de agua y lejía de la zona de trabajo, prestando especial atención a teléfonos y teclados; extremar las precauciones en los botones del ascensor, entre otras iniciativas; o realizar el pre check-in online para luego no tener que tocar la documentación del cliente. En suma, “improvisar con sentido común”.

Lo más duro

Lo más duro, eso sí, fue “tener que reducir plantilla, porque estaba dimensionada para unas ocupaciones que no vamos a tener en muchos meses. Tuve que analizar la situación de cada persona para decidir despidos antes del estado de alarma, y posteriormente reestructurar la plantilla para que el ERTE afectara sólo parcialmente a unos pocos. Es muy duro prescindir de un personal tan profesional y motivado como el nuestro, pero el objetivo es poder sobrevivir. Ahora mismo nuestra facturación es un 75% inferior a la de hace un año, con unos precios medios mucho más bajos de los habituales”.

No en vano el objetivo, como subraya García Silgo, se centra en “ayudar, responder a esa necesidad existente en el mercado, y cubrir nóminas, sobrevivir con mi equipo. Estamos en una economía de guerra. No quiero ganar dinero, sino ayudar a la gente que lo necesita sin que mi negocio ni mi personal nos vayamos al garete”.

Eso sí destaca sentirse “muy arropada por mis compañeros de la AEDH, y tremendamente orgullosa de pertenecer a este sector que, ante la crisis, se ha unido más que nunca, con un claro sentimiento de formar parte de un grupo que nos está permitiendo dirigir nuestra ayuda allí donde se necesita y asesorarnos entre nosotros”.

Entrega de los gorros de ducha en la Maternidad de O'Donnell.

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