Análisis de Diana Ramón Vilarasau

Un pasaje de 60 kilos, por favor

Análisis/La aerolínea Samoa Air ha introducido un innovador sistema de “pague por lo que pese". Efectivamente, la pequeña operadora del archipiélago del mismo nombre, ha aterrizado en el mapa internacional como la primera aerolínea del mundo que cobra a los pasajeros por lo que pesan.

En su web explican que la reserva de un vuelo es tan sencilla como “introducir el peso aproximado en nuestra herramienta de reserva online y pagar el 'cálculo aproximado', garantizando el peso que se le asigna en ese vuelo”. La compañía advierte, sin embargo, de que no vale la pena mentir en el peso por el hecho de que se haga la reserva por teléfono u online, porque “no se preocupe, nosotros le pesaremos de nuevo en el aeropuerto” y podría ser sancionado con un recargo sobre los kilos que se quitó.

La aerolínea argumenta que,“después de todo, la cantidad de combustible que las aerolíneas necesitan para volar se calcula sobre la base del factor carga, que incluye el de los pasajeros y sus equipajes y los distintos pesos del avión”. Dependiendo de la distancia, cada kilogramo (2,2 libras) costará entre 93 céntimos y 1,06 dólares (entre 0,72 y 0,82 euros). Algunos analistas han observado que en distancias de largo radio el peso debería calcularse por kilómetro volado.

¿Lucha contra la obesidad?

La pequeña aerolínea, que nació en 2012, ha justificado a nivel local su nueva política con el aumento de la obesidad en este pequeño archipiélago de la Polinesia. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, el 75% de los habitantes de Samoa padece sobrepeso.

“Un pasaje de 60 kilos, por favor”“Un pasaje de 60 kilos, por favor”

No obstante, las reacciones entre los habitantes más rollizos no se han hecho esperar y la han calificado de injusta, ya que ellos ocupan un asiento igual que el de los pasajeros más delgados y, sin embargo, en algunos casos, con el nuevo sistema, podrían pagar casi el doble.    

“Cuando los pasajeros sean cada vez más conscientes de que los aviones funcionan por el peso y no por el número de asientos será mucho más fácil comprender y reconocer que es el sistema más justo de transporte aéreo disponible”, ha afirmado el presidente de la compañía, Chris Langton.

Menos peso, menor tarifa

Langton defiende que el nuevo modelo también ha beneficiado con tarifas más baratas a familias que viajan con niños y no tienen el peso de un adulto y a pasajeros a los que se les cobraba una tarifa estandar que incluía un número de kilos de equipaje que quizás no utilizaban.

En vez de pagar por un asiento, los pasajeros pagan un precio fijo por kilogramo, que varía en función de la longitud de la ruta, y que suma el peso de los viajeros y sus equipajes. Las líneas aéreas no operan sobre asientos, operan sobre peso. Además no hay cargos adicionales en términos de exceso de equipaje o cualquier otra cosa, cada kilo es un kilo", dijo Langton .

En el pasado, varias aerolíneas se han visto enfrentadas a la opinión pública por cobrar un segundo pasaje a los pasajeros obesos que ocupaban dos asientos (ver: Los pasajeros obesos de United Airlines deberán pagar dos plazas), pero el sistema de Samoa Air en función del peso no tiene ese enfoque y tiene que ver, en cambio, con el factor carga, la gestión de los distintos pesos que se tiene en cuenta en un vuelo y el combustible requerido para transportarlos.

El presidente de Samoa Air está convencido de que la tarifa por peso es "el concepto del futuro" y está seguro de que la industria aérea va a empezar a ver las ventajas.

El alto coste del combustible

Si repasamos lo que ha sucedido en el sector en los últimos cuatro o cinco años, desde que el barril de petróleo sobrepasara la barrera de los 100 dólares y luego llegara a un máximo histórico de 134, un coste que se llevó por delante a una treintena de compañías (ver artículo El precio del combustible acaba con las cuentas de la industria aérea mundial), la idea podría no sonar tan descabellada. A pesar de que la industria ha reducido su coste invirtiendo en nueva flota y controlando todos los gastos a través de planes de ajuste, el año pasado comenzó con el cierre de cuatro aerolíneas en dos semanas -entre ellas Spanair- y todavía Willie Walsh pronosticaba más quiebras por el precio del combustible.

“Un pasaje de 60 kilos, por favor”“Un pasaje de 60 kilos, por favor”

Según expertos, el gran objetivo de una aerolínea en este aspecto es aumentar la carga de pago al máximo cargando el menor combustible posible, por ello, las franquicias de equipaje reducen cada vez más el peso que incluye el pasaje; y si con este sistema cada kilo que aporta un pasajero es cobrado, quizás se garantizarían mayores rendimientos.

Ryanair, la low cost irlandesa que en varias ocasiones ha sido acusada de poner en sus aviones cantidades de combustible inferiores a la reglamentaria para, precisamente, volar con menos peso y rentabilizar más sus operaciones –información que siempre ha sido negada por la compañía-, ha tenido ideas orientadas hacia esta política.

Hace unos cuatro años, sugirió el cobro de un fat fee a los pasajeros con mayor volumen, justamente en 2009, el año siguiente a las innumerables quiebras por el precio del combustible -cuyo peso es mayor en la estructura de costes de las aerolíneas low cost y chárter que en la de las tradicionales- y, según dijo, era apoyada por un tercio de los pasajeros, de acuerdo con una encuesta que había hecho la propia compañía, claro. Pero el proyecto fue abandonado por la aerolínea, admitiendo que no había manera de recaudar la tasa y verificar en línea el proceso sin extender los 25 minutos que utiliza en sus escalas.

Difícil instrumentación

Y es que el mayor escollo para que este innovador sistema de Samoa Air se trasladara a la industria podría estar, precisamente, en cómo instrumentarlo.

Samoa Air es la compañía nacional de Samoa, 100% propiedad local y que sólo opera entre sus islas con un servicio regular de frecuencia diaria, además de ofrecer vuelos chárter de negocios o placer, llegando muy cerca de las principales ciudades y centros turísticos en el archipiélago y otras islas regionales. Su flota está conformada por aviones pequeños, bimotores, para el transporte de pasajeros, BN2A Islander y Cessna 172. No tiene demasiada dificultad ni le ocupa demasiado tiempo pesar de nuevo en el aeropuerto a cinco o seis pasajeros que a simple vista sean sospechosos de haber falseado su peso.

Pero ¿cómo funcionaría con aerolíneas con aviones de fuselaje ancho y gran capacidad? ¿Cómo una gran operadora, con más de 1.000 vuelos diarios y más de 200.000 pasajeros, podría aplicarloo? ¿O se exigiría tal vez el ticket con el peso impreso de las balanzas electrónicas de la farmacia más cercana? ¿O certificaciones de peso, similares a los certificados de residencia? –y hasta con éstos se está haciendo fraude (Ver: Imputadas 4.000 personas en España por falsificar certificados para obtener descuentos de residente)-. Las básculas, ¿pasarían a ser equipo de trabajo indispensable en las agencias de viaje para verificar cuál tarifa se le aplica al pasajero, la de 70 kilos, la de 73,5? Ahora, recordando nuevamente a la low cost 'más querida', sin duda, los que se harían ricos serían los empleados 'caza-exceso-de-peso’ de Ryanair… “Oiga, ese michelín no está pesado!”

 

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