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Sigue la incertidumbre sobre el futuro

Clientes, empleados y proveedores, tres frentes abiertos a los que Marsans no da respuestas

24 mayo, 2010
Aunque la crisis de Marsans ha perdido intensidad mediática debido al excesivo alargamiento de una agonía cuyo final cada vez ofrece menos dudas, lo cierto es que sigue afectando –y en algunos casos, dramáticamente- a los clientes que han pagado y no viajarán, a los empleados que aguantan en oficinas sin actividad, y a los proveedores que temen no cobrar.
De los tres frentes que los dueños de Viajes Marsans, Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz, tienen abiertos, son precisamente sus propios empleados los que más están levantando la voz, exigiendo información creíble para saber a qué atenerse. Una plantilla tradicionalmente orgullosa de su pertenencia a la agencia decana del sector, y a la que anualmente arengaban el ex director general, José María Lucas, y el presidente, Gonzalo Pascual, en su convención anual al ritmo de una pegadiza canción con la letra adaptada a los mensajes de la agencia.    
 
Pero el tiempo ha ido trascurriendo y la situación de la empresa se ha ido deteriorando, pasando de rechazar ofertas de compra (de Orizonia, Pullmantur, Fiesta Hoteles…) a buscar desesperadamente un comprador. En las últimas semanas han ido sonando nombres, al principio recibidos con expectación, y finalmente con incredulidad, en una inercia que ha terminado por socavar el ánimo de una plantilla que se ha visto reducida en casi un 30% desde que comenzó el desmoronamiento de la empresa, tal y como adelantó HOSTELTUR.    
 
“…ganando tiempo…”
 
La situación ha llegado a tal punto que un grupo de varios centenares de empleados se están intentado organizar para demandar a la empresa “por inactividad”, según informaba este diario, ya que sospechan que no hay ningún comprador y que lo que está haciendo el equipo que dirige Iván Losada Castell, es intentar librar a los dueños de riesgos sobre sus patrimonios personales y de posibles responsabilidades penales, según señalan en un comunicado interno.
 
Mientras, los empleados, especialmente los que permanecen cara al público, están soportando una fuerte tensión ante las reclamaciones de los clientes, y haciendo gala de una gran honestidad intentando minimizar el impacto al máximo, derivándolos a otras agencia de la competencia. Los empleados se quejan de la falta de información por parte de la empresa.

El sábado, centenares de empleados de Marsans se manifiestaron y pidieron la salida de Pascual y Díaz de la empresa.

Los clientes, no hay datos…
 
En cuanto a los clientes, si bien no es el frente de mayor magnitud, sí es el que más toca la fibra sensible de la opinión pública, y que más eco está teniendo a nivel mediático. En los periódicos e informativos televisivos se sucede un goteo de “historias humanas” dando cuenta del viaje de novios frustrado o el grupo de jubilados o estudiantes que se ha quedado desasistido en un aeropuerto.
 
Pero la cuestión es conocer cuántos clientes están afectados, y por cuento dinero. Es decir, cuanto suman los depósitos que han dejado en las agencias de Marsans por viajes que no podrán realizar. Un dato que sólo tienen en la central de la empresa, y que no han facilitado. Ante esta falta de información, algunos medios se han hecho eco de comentarios que hablan de 70.000 afectados, lo cual todo el sector califica de muy exagerado, mientras que otros hablan de 25.000, o incluso en otros ámbitos sectoriales se rebaja a unos 2.000.
 
En el sector se considera que, pese al ruido mediático, los clientes son precisamente los menos afectados por la colaboración que se está produciendo entre los distintos turoperadores y agencias para darles alternativas y aminorar el impacto. En función del volumen de depósitos se sabrá si el aval que Viajes Marsans tiene depositados en la administración es suficiente para hacer frente a las posibles reclamaciones, llegado el caso.  
 
Si se llegara a esa situación, que muchos la ven en el horizonte de mediados de junio, las alternativas legales para los clientes son varias: Denunciar y esperar una sentencia en firme, lo cual abre un plazo muy largo, o intentar un procedimiento de reconciliación o arbitraje. El arbitraje sería lo más rápido si Marsans aceptara, pero tendría que acometerse ya, antes de que progresara un concurso de acreedores que paralizaría el proceso.
 
Un posible concurso de acreedores -cuya petición la hizo Grimaldi y a la que se han sumado varios hoteles después- que en realidad sólo beneficiaria a los empleados al ser los primeros en las prioridades de cobro que marca el procedimiento, relegando a posiciones más retrasadas a las reclamaciones de clientes y de proveedores.
 
Los proveedores, los más afectados
 
Pero, sin duda, el frente que más está sufriendo -y previsiblemente sufrirá- la situación de Marsans, es el de los proveedores, que suman una deuda de más de 200 millones de euros, y entre los que se encuentran casos desde la magnitud de los 40 millones que deben a Orizonia hasta los miles de euros a medianos y pequeños hoteles y turoperadores.
 
Muchos de estos proveedores están viendo con preocupación las peticiones de concurso de acreedores que otros están haciendo. Y es que ven más posibilidades de cobrar algo emprendiendo acciones legales dirigidas directamente contra los bienes de los dueños de Marsans, en base a los pagarés avalados y no pagados. Ante una denuncia de este tipo el juez podría solicitar el embargo de cuentas y medidas cautelares. Pero si progresa la vía del concurso de acreedores, esa otra alternativa se caería perjudicando a los mayores acreedores.
 
No obstante, y tal y como están las cosas, son los medianos y pequeños proveedores los que más temen la quiebra de Marsans, ya que para su tamaño, deudas de 300.000 euros los pueden dejar tiritando. Otros fueron más previsores al poner hace tiempo en prepago a la agencia.
 
A esta lista se ha sumado IATA, a cuyas compañías asociadas Marsans debe cinco millones de euros, si bien en este caso la vía legal que se puede iniciar no es mercantil sino penal, al no tratarse de una deuda comercial sino de un alzamiento de bienes. Y por si todo esto fuera poco, la deuda financiera que Marsans tiene con los bancos supera los 120 millones de euros.
 
Mientras, en la zona noble del edificio Pórtico, siguen las idas y venidas por los pasillos de una sede sobre la que pesa una demanda de desahucio. El dueño la ha interpuesto  ante el impago del alquiler desde noviembre, cuatro millones de euros.  
 
José Manuel de la Rosa (josemanuel.delarosa@hosteltur.com
http://twitter.com/JMaDelarosa  

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