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El Post: ¿Ha perdido Sudáfrica el Mundial?

25 agosto, 2010 Premium
Espectaculares estadios condenados al abandono, redes públicas de transporte con precios inasequibles al bolsillo sudafricano... Tras la euforia futbolística, la pregunta es ¿hasta qué punto le ha salido rentable a un país con el 50% de sus habitantes bajo el umbral de la pobreza tan enorme inversión?
El Mundial de Fútbol no ha salido barato. Un total de 40 billones de rands (4,2 billones de euros) han sido necesarios para poner a punto las infraestructuras del país anfitrión. De ellos, 12 han ido destinados a estadios (3,3 al flamante Soccer City de Johannesburgo) y el resto a pavimentar las aceras del centro de las ciudades, renovar aeropuertos, carreteras y centros comerciales. Obviamente, la inversión en infraestructuras ha generado también empleo y beneficio para los surafricanos (hay datos que hablan de 695.000 trabajos derivados del evento). El Gobierno prometió modernos sistemas de transporte para las ciudades que acogieran los partidos de la Copa, promesa que se materializó en el Bus Rapid Transit, que conecta el centro de las principales ciudades con los estadios. Pero, ¿quién se va a beneficiar en el futuro de todo ello?

Suráfrica es un país marcado por las desigualdades sociales. Pasear por St George's Mall, en pleno centro de Ciudad del Cabo, es parecido a caminar por las calles de Berlín o Barcelona. Sin embargo, sólo con desplazarse unos pocos kilómetros hasta los suburbios de Khayelitsha, es posible ver cómo familias enteras malviven en casetas construidas con materiales de desecho y a vagabundos durmiendo a ambos lados de la carretera. La gente de Khayelitsha no obtendrá rentabilidad del Bus Rapid Transit System. Lo mismo sucederá con los diez estadios construidos para la ocasión. Con 48 millones de habitantes y más de un 25% de desempleo según cifras oficiales, resulta difícil para el Gobierno surafricano recaudar los impuestos necesarios para mantener estas infraestructuras deportivas de élite, cuyo uso quedará seguramente relegado a acoger un par de conciertos al año.
 
Los populares bed and breakfast son uno de los mejores ejemplos de las expectativas frustradas por el Mundial. Algunos surafricanos renovaron sus viviendas con la esperanza de albergar en ellas a turistas. El proyecto hizo aguas en muchos casos, bien porque los visitantes no estaban dispuestos a pagar los precios desorbitados (100 euros por día), o bien por el bajo número de entradas vendidas y la pésima coordinación a la hora de anunciarlos.

Asociaciones como el Foro Social de Durban han denunciado la injusticia de haber colocado una ?alfombra roja? a los extranjeros, mientras se daba la espalda a los agudos problemas del país (desempleo, brecha entre ricos y pobres, delincuencia y problemas raciales derivados del apartheid, entre otros). Prueba del doble rasero entre turistas y surafricanos ha sido la venta de entradas por Internet, cuya difusión en el continente es muy escasa. La cultura africana del trueque incluye la costumbre de pagar en metálico y recibir el producto a cambio, pero no la de lidiar con complicados procesos burocráticos. Un hecho que quizá explica las 40.000 entradas vendidas a africanos, frente a las 230.000 a extranjeros.

Laurine Platzky, directora general adjunta del departamento gubernamental de Integración y Coordinación de la Copa del Mundo en Ciudad del Cabo, manifestaba a FP en español su decepción con la mala imagen que los medios europeos transmitieron sobre la delincuencia en Suráfrica, y relacionaba la alarma creada con el descenso en la venta de localidades. Una visión, la europea, que contrasta con la de la policía metropolitana de Ciudad del Cabo, quien califica de ?exagerado? el enfoque de los medios extranjeros.

De hecho, la mayoría de las quejas registradas por visitantes foráneos han estado más relacionadas con la carencia de un transporte público adecuado, y no con la peligrosidad del país. Leon Brady, turista canadiense durante la Copa del Mundo, aseguraba a FP en español que llegó al aeropuerto internacional de Tambo y tuvo que pagar el abusivo precio de 46 euros para llegar al centro de la ciudad usando el Hostel's Airport Transfer. Leon se lamentaba también del retraso en la puesta en funcionamiento del GauTrain, transporte especial que conectaba Johannesburgo con el aeropuerto, el cual no empezó a operar hasta el 8 de junio, un día después de que comenzara el torneo. Además, muchos otros visitantes coinciden en que, pese a los millones gastados, el país no consiguió desarrollar las infraestructuras necesarias para albergar el evento.
 
Algunos analistas han atribuido el fracaso de Suráfrica como organizador de la Copa del Mundo a las abultadas expectativas que había albergado el propio país. También es cierto que quizá haya beneficios que sólo puedan verse a medio y largo plazo. Por ejemplo, el de haber colocado a Suráfrica en el mapamundi de cara a un mercado tan suculento como el chino o el surcoreano, para quienes la tierra de Mandela era hasta entonces una completa desconocida.

En cualquier caso, el balance definitivo se hará esperar. Las previsiones del Gobierno, basadas en una encuesta de la auditora Grant Thornton, auguran un incremento del turismo de casi 1.5 millones de visitantes al año. Mónica Ferreira, socióloga investigadora de la Universidad de Ciudad del Cabo, se muestra escéptica con unos datos oficiales que según ella ?son demasiado elevados y carecen de base científica?.

Dejando a un lado la desilusión económica, la Copa del Mundo ha hecho posible algo inédito en  la nación: la unión entre grupos étnicos. El torneo ha roto en parte las diferencias interétnicas aunando a todas las razas (árabes, blancos, negros e indios) bajo el apelativo de ?surafricano?.

Una vez pasada la resaca futbolística, ahora toca trabajar sobre los nuevos desafíos. Los retos siguen siendo muchos y diversos: liquidar los guetos raciales y conseguir que las etnias se mezclen en el mismo vecindario; hacer frente al cambio demográfico y a una población cada vez más envejecida; crear empleos para disminuir un paro que sigue en ascenso; articular un sistema educativo eficiente; y quizá lo más importante, facilitar el acceso a agua y a servicios médicos para una población de 48 millones de habitantes. Estas son algunas de las tareas que la nueva élite política negra y de color deberá hacer frente. Tareas en las que se podría haber avanzado mucho si la inversión, en lugar de ir destinada a estadios y centros comerciales, lo hubiera estado a sanidad, educación o creación de empleo.

Artículo extraído de Foreign Policy en Español.
Autora: Iara Mantiñán
Avatar redactor Redacción Hosteltur España

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