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National Geographic analiza los pros y los contras de la ecotasa balear

9 septiembre, 2003

Aunque ya esté decidida la desaparición de la ecotasa balear, la prestigiosa revista National Geographic ha dedicado un amplio reportaje de diez páginas a un análisis del impuesto turístico-medioambiental. Mientras que en la vida real, la ecotasa provocó inmensas polémicas entre políticos, empresarios turísticos y la sociedad en general, National Geographic se limita a hacer un análisis del aspecto medioambiental del turismo y por lo tanto de la ecotasa en Baleares. El reportaje llega a la conclusión que a lo largo de los años, el turismo ha perjudicado la naturaleza y calidad de vida en Baleares y que, por lo tanto, hay que poner en marcha medidas para contrarrestar este desarrollo. Aunque la ecotasa, con toda probabilidad será retirada en un plazo muy breve, el problema de la protección del medio ambiente y la necesidad de reducir las repercusiones del turismo sigue vigente, como concluye la autora del reportaje, Eva van den Berg. De hecho, el nuevo Gobierno del Partido Popular, que anunció la retirada de la ecotasa durante la campaña electoral y ahora la hará una realidad, también se ha comprometido a seguir el camino de la protección del medio ambiente, y si es posible, involucrar a los turistas y empresarios turísticos en la financiación de las medidas necesarias. En este sentido, el Govern de Jaume Matas anunció la semana pasada la creación de una Fundación para el Desarrollo Sostenible de Baleares, con la creación de una marca turística Baleares Sostenibles. A continuación, HOSTELTUR ofrece un breve resumen del reportaje publicado en la edición de septiembre de National Geographic, que viene acompañado por una serie de fotografías espectaculares de diversos lugares de las Islas Baleares, como Cala Pregonda, en Menorca, fincas en Pollença y Es Mercadal, o la emblemática finca Son Real, adquirida por el Govern por su valor paisajístico, arqueológico y etnológico. El reportaje arranca explicando la necesidad de vincular el aumento de la producción y del consumo a la calidad de la vida humana y la sostenibilidad. El aumento del PIB en Baleares "no se ha traducido en una mejora de la vida de los ciudadanos", como explica el geógrafo Jaume Mateu, miembro de un equipo multidisciplinar del Centro de Investigaciones y Tecnologías Turísticas de las Islas Baleares CITTIB. A raíz del malestar de los ciudadanos por la ocupación del territorio y de los turistas por la masificación, nació la idea de crear una ecotasa, "de carácter finalista", para "diversificar el turismo más allá de la oferta de sol y playa", matiza el ex Conseller de Turismo de Baleares, Celestí Alomar, en cuya égida se puso en marcha la ecotasa. Como destaca el reportaje, "la ecotasa es el único impuesto turístico de carácter finalista", mientras que otros tributos existentes en Francia, Alemania o Estados Unidos "gravan al turista de cierto tipo de alojamientos, pero no se informa de qué se hace con este dinero". En Baleares, al contrario, se informó de los 72 proyectos que se iban a realizar en un plazo de diez años. No obstante, la ecotasa tuvo una vida muy corta a causa de la oposición de los "grandes complejos hoteleros" y del Partido Popular, que opinaron que "el impuesto agravaría la crisis turística y que culpabiliza al turista del desaguisado medioambiental de los últimos decenios". En palabras del catedrático de ordenación del territorio y urbanismo y presidente de la Asociación Interprofesional de Ordenación del Territorio, Antonio Serrano, "la ecotasa es necesaria no sólo en estas islas", sino en todo el Mediterráneo y Andalucía. Asegura que, si se ha dado un descenso del turismo, "ha sido por la utilización política de un tema cuyo fondo no es la ecotasa", sino la continua expansión y especulación inmobiliaria. Como explica el catedrático de geografía humana de la Universidad de las Islas Baleares, Pere Salvá, "la ecotasa se basa en el sentido de la responsabilidad del viajero con el medio ambiente" y "mentaliza a los turistas y a la población local de que mantener los recursos conlleva una serie de costes". Y añade el catedrático Serrano que el turismo de masas en Baleares con el consecuente consumo de territorio y recursos ha llevado a un deterioro significativo de los recursos de valor ambiental y paisajístico. Ello provocó "un deterioro del turismo en cuanto a su capacidad de gasto". "Tal merma trata de compensarse incrementando la cantidad de turistas para que los ingresos no bajen, lo que desemboca en una espiral depredadora y difícilmente reversible". Naturalmente, el reportaje también analiza "las pegas de la ecotasa", como son "la supuesta incidencia de la ecotasa en la crisis turística" y su "falta de equidad". Aunque es cierto que el número de turistas ha bajado desde 2002, ello se debe más a "la existencia de nuevos destinos turísticos más competitivos", según el economista mallorquín Eduard Berenguer. Admite que haya podido tener un efecto disuasorio sobre el segmento de más baja calidad del sector turístico, "lo que a la larga ayudaría a la restauración del patrimonio natural". Respecto a la falta de equidad, es decir, que el impuesto no se paga por turistas alojados en segundas residencias, apartamentos privados o yates, el reportaje señala que para lograr una mayor equidad, sería necesaria la implicación de la administración central del estado, cobrando el impuesto a la entrada o salida de los turistas de las Islas. No obstante, la ecotasa no contó con el beneplácito de la administración central, y por lo tanto, tampoco con su apoyo activo. Justamente la forma de cobro de la ecotasa fue uno de los aspectos más criticados por parte de los hoteleros. El ex presidente de la Federación Hotelera de Mallorca, Ferran Porto, es también director del Pollentia Club Resort, un ejemplo de gestión medioambiental en el sector hotelero. Porto señala que no está en contra de establecer un impuesto medioambiental "basado en el concepto "quien contamina paga", pero advierte que no le parece bien que la ecotasa la paguen solo los turistas, "y tampoco incentiva a las empresas a invertir en políticas medioambientales". El reportaje llega a la conclusión que, aunque se retire la ecotasa, hay que proteger el medio ambiente del impacto del turismo. Según Pere Salvá, el turismo "disperso", es decir, el turista individual que recorre las Islas por su cuenta, puede ser más perjudicial para el medio ambiente que el turismo de masas, que se concentra el los complejos hoteleros. Es decir, es más sostenible por ser más fácil de controlar. No obstante, "el modelo de sol y playa está agotado", y hay que diversificar la oferta, en opinión de Jaume Mateu. "Este era el objetivo de la ecotasa", y, pese a su retirada, hace falta más inversión en propuestas diversificadoras para la protección del medio ambiente y por lo tanto, de un gran valor turístico. (Charlotte Miller/ HOSTELTUR/ charlotte@hosteltur.com) 

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