Baleares: Una legislatura de mil desencuentros

Los últimos cuatro años han sido los peores que ha vivido la industria turística en Baleares, y no por el decrecimiento en la llegada de turistas, sino por el inédito y duro enfrentamiento que ha separado a una parte de los empresarios del sector por un lado, y al Govern y los sindicatos por otro. La culminación de un ciclo turístico había sido anunciada a poco de que el Pacto asumiera el gobierno autonómico: El presidente de TUI, Ralf Corsten, dejaba entrever en junio de 2000 que se estaba iniciando un periodo de crisis turística en Balears: "Las ventas con destino a las islas van por debajo de las del año pasado. La gente va ahora al Mediterráneo oriental y se debe a una ola que se produce en ciclos de tres años" decía textualmente al finalizar una reunión con Antich. A la vez, animaba a no dejarse ganar por el pesimismo porque consideraba que esta finalización del ciclo alcista ya se preveía desde tiempo atrás. Las predicciones de Corsten se cumplieron: los varios cientos de miles de alemanes que Balears había tomado prestados de otros destinos de la cuenca mediterránea regresaban a aquellas zonas turísticas. Las islas habían aprovechado muy bien ese boom coyuntural y aunque 2000 tuvo cifras superiores a las de 1999, comenzó el paulatino declive.

Los últimos cuatro años han sido los peores que ha vivido la industria turística en Baleares, y no por el decrecimiento en la llegada de turistas, sino por el inédito y duro enfrentamiento que ha separado a una parte de los empresarios del sector por un lado, y al Govern y los sindicatos por otro. La culminación de un ciclo turístico había sido anunciada a poco de que el Pacto asumiera el gobierno autonómico: El presidente de TUI, Ralf Corsten, dejaba entrever en junio de 2000 que se estaba iniciando un periodo de crisis turística en Balears: "Las ventas con destino a las islas van por debajo de las del año pasado. La gente va ahora al Mediterráneo oriental y se debe a una ola que se produce en ciclos de tres años" decía textualmente al finalizar una reunión con Antich. A la vez, animaba a no dejarse ganar por el pesimismo porque consideraba que esta finalización del ciclo alcista ya se preveía desde tiempo atrás. Las predicciones de Corsten se cumplieron: los varios cientos de miles de alemanes que Balears había tomado prestados de otros destinos de la cuenca mediterránea regresaban a aquellas zonas turísticas. Las islas habían aprovechado muy bien ese boom coyuntural y aunque 2000 tuvo cifras superiores a las de 1999, comenzó el paulatino declive. La mayoría de los hoteleros se habían volcado al turismo alemán y el inicio de la recesión creó una gran tensión por la pérdida de parte de este mercado, a lo que se unieron las diferencias que comenzaron a mantener los industriales y la conselleria de Turismo. Las relaciones entre Alomar y los empresarios habían comenzado con buen pie. El conseller tenía experiencia en el turismo, tras haber ocupado cargos en el mismo departamento con Jaume Cladera y posteriormente con el ministro Gómez Navarro en Madrid. Oficialmente se le otorgó un cheque en blanco, pero a la vez comenzaban las manifestaciones públicas de empresarios contra el Govern: primero los agricultores a bordo de tractores en Palma, y más tarde los hoteleros a pie en la Playa de Muro. Luego, el anuncio de que se comenzaba a redactar la ley de la ecotasa acabó por arruinar las relaciones personales de los empresarios con el conseller. "Alomar nos había prometido que no se implantaría el impuesto sin nuestra aprobación y no ha cumplido". Esta frase ha sido la más pronunciada por los industriales, que de pronto vieron que el Govern quería diálogo, pero no negociación. La ecotasa debía afectar a todos los visitantes porque se cobraría en el aeropuerto y en el puerto, o en su defecto en el billete del transporte. Sin embargo, el gobierno de Madrid, que tiene las competencias en la materia, prefirió no discutir el tema y dejó al Govern en el filo de la navaja, mientras los hoteleros no quisieron mojarse y dejaron la patata caliente en manos del Ejecutivo. El Govern no se contuvo y aplicó el plan B: cobrarla a los turistas a través de los hoteles. Este hecho marcó la separación definitiva y el comienzo de una guerra sin cuartel contra el gobierno autonómico. Balears fue el punto de atención de la industria turística europea, porque los feos que los empresarios hacían a los mandatarios de las islas no tenían precedentes: no pisaban la moqueta de los expositores en las ferias turísticas, no asistían a actos donde hubiera políticos del Pacto ni les invitaban a los propios, y abandonaron todos los foros donde habían sido invitados a participar. Desde el Gobierno de Madrid se echa gasolina al fuego constantemente para avivar un enfrentamiento que no ha cedido un ápice La gran tensión que se sigue viviendo ha provocado desavenencias entre los propios empresarios. Una parte, cansada de tanta lucha, quiere salvar la industria llegando a acuerdos con el Govern para incentivar la promoción, y otra quiere mantener el estado de cosas actual. Ambas partes esperan que el 26 de mayo se produzca una distensión. Algunos, porque esperan que gane el PP, y otros, porque aguardan el triunfo, dicen, de la sensatez. (M.M., Diario de Mallorca, 25/04/03) 

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