España ante su catársis turística: cuestión de estado y oportunidad (III)

Un post de Dr. J. Ignacio Vega, en Economía

25 de Octubre del 2017

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En las anteriores partes de este análisis se hacían varias reflexiones finales relacionadas por una parte con las competencias del estado que no estaba ejerciendo de “juez” de las reglas del juego, dejando en una anarquía turística a los territorios y destinos turísticos incluidos. Por otra parte, como en relación a la sostenibilidad, cualquier medida que se tome debe estar relacionada con la sostenibilidad en sus tres interconexiones básicas: medioambiental, social y económica, con el objetivo último de conservar los recursos naturales y mejorar las condiciones laborales para generaciones futuras.

Sin embargo, la sostenibilidad en turismo se ha venido y se viene estudiando, investigando y desarrollando desde dos, de estas tres relaciones superpuestas del Ven básico del informe Brundlandt: la medioambiental y la social, en ese orden de importancia. Las razones son varias:

  • Porque “expertos” en sostenibilidad han implantado sistemas, desarrollado cursos, planificados proyectos y dirigido estudios e informes técnicos desde su formación específica, es decir, desde la medioambiental (Biólogos, geógrafos, ingenieros forestales, medioambientalistas, etc.).
  • La confusión en España sobre que el turismo, por su misma esencia social y horizontal, no debe, no puede ser un sector económico fuerte, y por ello, siempre se ha tenido a esta variable económica relegada al olvido.
  • Durante decenas de años, la conservación y lo referente a la sostenibilidad, se ha desarrollado desde ONG, s y/o asociaciones que al auto considerarse “sin ánimo de lucro”, han obviado por definición los diferentes aspectos de la sostenibilidad económica.

Evidentemente, estas razones han hecho muchísimo daño al turismo y más aún a su crecimiento en España; se han tenido en cuenta la gestión de los residuos, el consumo de energía, la venta y promoción de productos locales, la colaboración público – privada con los espacios protegidos, y nunca, por desconocimiento total, la sostenibilidad económica. La economía se puede resumir en tres principios básicos: escasez, eficiencia y soberanía. Estos principios no fueron creados por los economistas, sino que son principios básicos del comportamiento humano y su necesidad más antropológica. Sin embargo, ¿Qué relación aplicada tienen estos conceptos sobre el turismo y como afectan? ¿Cómo se pueden relacionar y entenderlos, para poder planificar el éxito de un proyecto de negocio turístico? Y sobre todo, ¿En qué medida, estos conceptos, son aplicables a un proyecto de turismo diferente al de sol y playa por muy complejo o amplio que sea?

ESCASEZ

Atendiendo a este componente, la sostenibilidad económica en turismo, debe tener como línea prioritaria la creación de un producto altamente competitivo de forma que no le afecten estas leyes; esto está absolutamente en dirección contraria cuando se crean productos estandarizados.

EFICIENCIA

Así mismo, un producto o servicio turístico, escaso, único, debe tener un precio eficiente que no corresponde necesariamente al más barato. El valor añadido al producto, puede e incluso, ser una barrera para nuestra competencia y permitir la supervivencia del proyecto. Estos factores han desaparecido por completo en las nuevas tendencias del alquiler de viviendas privadas o del llamado “turismo colaborativo”.

SOBERANIA

La Soberanía (o libertad para elegir) es el principal componente de la sostenibilidad económica. Este tercer componente está también íntimamente relacionado con los dos anteriores, pues permite decidir al promotor o al creador del producto, servicio o proyecto turístico el precio final, por ejemplo, determinando así la escasez y eficiencia del mismo. Sin embargo, tampoco se da en las nuevas tendencias que están afectando en parte a la crisis del turismo español, ya que esta soberanía no es real del todo, pues las empresas dependen en precio de otras variables, y en todo caso, se les asesora de ser un referente a la baja en cuanto al mercado, para parecer así más “sostenible” restringiendo su soberanía, y por defecto, los anteriores componentes. En este sentido, este aspecto concurre en los alquileres turísticos, que tienen como principal argumento de mercado la facilitación de hospedaje de forma más accesible que en la hotelería.

A este escueto análisis, hay que añadir los aspectos sociales de la crisis, pues como ya se sabe, los ataques a turistas y los creadores de la llamada “turismofobia” son agitadores de extrema izquierda que además, coinciden en sus ideologías con las organizaciones que han gestionado durante años la sostenibilidad del turismo, tal y como se indicaba más arriba.

El stock de camas sin control en varios destinos está generando una anarquía turística que además, se está utilizando políticamente por la extrema izquierda para desestabilizar el gobierno actual, la nación o el conjunto de la nación española, representado en este caso, por su éxito y liderazgo mundial en turismo. Sólo con analizar a una de las líderes de estos movimientos, vasca de origen y agitadora en Cataluña, se puede entender todo esto, especialmente si se tiene en cuenta que, paradójicamente, el turismo de interior vasco y catalán es de los más legislados y potenciados en todas las comunidades autónomas españolas.

En la última parte de este análisis, no queda más remedio que hablar de oportunidad económica ante esta crisis, para invertir en nuevos modelos de negocio poniendo en el punto de mira turístico, a los municipios y sus territorios.

Comentarios 1

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Pedro Marco Hernández 2/11/2017 9:11:16

Interesante análisis. Es totalmente cierto, al menos así lo percibo en mi entorno, que la definición de sostenibilidad para las administraciones no se parece en absoluto a la vista desde las empresas. Está bien defender que sea todo eco, pero que además sea bueno, bonito y barato, no es sostenible. Esforzarse en el medio ambiente, en la calidad y en la profesionalidad cuesta más dinero que ofrecer un producto que no cumple normas , ni paga impuestos, camuflando una economía sumergida bajo un falso paraguas de economía colaborativa, donde las cosas se hacen "de buena fe", sin someterse a ninguna regulación. Pero además, si queremos calidad, diferenciación, respeto al medio ambiente, equilibrio social, no es suficiente con que la actividad económica genere recursos (tributando lo que corresponda), sino también que exista un marco de actuación claro e igual para todos. Si unos cumplen toda la normativa y pagan impuestos, tienen todas las de perder ante los que no hacen nada de todo esto y como no están dados de alta en ningún sitio, tampoco se supervisa el cumplimiento de norma alguna (ni laboral, ni medioambiental, ni tributaria, ni por supuesto de calidad, ni de accesibilidad, etc.). Si no se hace nada por remediarlo, el crecimiento descontrolado de este tipo de oferta podría suponer el principio del fin de la sostenibilidad.

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