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Por Luis Alberto Quiroga García, en Economía Redescubre lo nuestro

Incomparable

Cerca de Casa 6 mayo, 2020 (13:23:22)

Hace mucho tiempo los dioses Júpiter y Neptuno se reunieron para acordar sobre la creación de un hermoso paraíso, querían un lugar incomparable, lleno de belleza, de colorido, de riqueza hídrica, de abundante fauna y vegetación. Pero también con condiciones climáticas apropiadas para su desarrollo. Ese bello lugar inicialmente en sus mentes tendría que estar habitado por hombres que convivieran en paz y tuvieran permanente conexión con la naturaleza. Hombres que defendieran sus recursos y respetaran sus procesos ecológicos.

Aquella tarea para Neptuno parecía complicada dadas las exigencias de su hermano, así que no podía dejar nada para la improvisación, y actuó con prudencia y concentración antes que su mal genio alterara su estado de ánimo.

Ya con la idea formada en su cabeza Neptuno decide llamar a las diosas Flora y Pomona, para que se encargaran de las flores, los jardines, la primavera, las frutas, las huertas y las cosechas en ese lugar. Ellas conocedoras de sus artes dieron inicio a los requerimientos de Neptuno y efectivamente entregaron un lugar bello, agradable y apacible digno para la vida.

Sin embargo esta inmensa belleza no impresionó del todo a Neptuno…él tenía la extraña sensación de que semejante obra debería tener su sello personal. Le faltaba lo vivificante, la vitalidad, la fiesta, la ofrenda a la vida, el reposo, el equilibrio: le faltaba las aguas.

Entonces Neptuno creó los ríos Magdalena, el río Negro y el río La Miel; para que protegieran el paraíso diseñado con esmero por las deidades.

Terminada tan bella obra, ahora faltaba quien entraría a disfrutarla. Esa decisión la tomaría Júpiter, no podía equivocarse ya que por ser un dios fuerte e inteligente su representación en la tierra no podía ser para menos. Como inquilinos, por aquel tiempo, colocó a hombres y mujeres con cualidades excepcionales y sentido común, con mucha pasión, con mucha dedicación, trabajo en equipo y muy valientes. Quería hombres que defendieran con vehemencia su territorio pero que conservaran su espíritu de cooperación, el respeto por la familia y por su madre tierra.

Fue así como decidió que los Pantágoras, los Palenques y los Amaníes tuvieran en custodia tanta belleza natural.

Para mantener la paz entre los dioses y los hombres premió la tierra y a sus tribus dotándola de inmensos cultivos para que las cosechas mantuvieran felices a sus corazones y alegres a su cuerpo. La abundancia permanente de aguacates, guayabas, carambolas, maíz, plátano, yuca, mangos, mandarinas, limones, cocos, pescados, nutrias, caña panelera, naranja, guanábana, frijol, zapote, pastoreo de ovejas, producción de miel, todo en un bosque inmenso que conforma una reserva natural y forestal da vida a gran variedad de aves, monos aulladores, ardillas y otros animales de monte que con sus cantos, sonidos y manifestaciones hacen de esta paraíso un lugar incomparable.

Esta riqueza natural, desde aquel tiempo mitológico hasta nuestros días, ha mantenido su fertilidad favoreciendo el desarrollo de comunidades, las cuales celosamente cuidan con sustentabilidad y sostenibilidad el disfrute pleno de la naturaleza. Hoy los descendientes de aquellas tribus se agrupan en 80 familias con acciones claras para cuidar el medio ambiente. Júpiter no se equivocó acertando con el acceso de estas tribus, ya que supieron con el transcurrir del tiempo entregar sus secretos a sus generaciones para respetar los tiempos en que la madre tierra tarda en reparar lo que el hombre toma de ella.

Gracias a los dioses estas comunidades aprendieron su relación con la naturaleza, aprendieron a regenerar lo que se degeneró, a restaurar los recursos naturales, a entender los procesos de la tierra; a hacer más lento el ritmo de los visitantes, la comunidad y los recursos naturales, a convertir la sociedad en comunidad, a no destrozar a cuidar.

Júpiter y Neptuno tenían sus propósitos de enseñanza: garantizar los ecosistemas y evitar las acciones que atentan contra el medio ambiente. Desde el inicio del tiempo los habitantes han destruido al planeta paulatinamente. Su degradación ha provocado grandes amenazas: cambio climático, la escasez de agua, la deforestación, el empobrecimiento del suelo, la extinción de especies, la contaminación del aire y del agua y la pérdida de biodiversidad impide avanzar en la recuperación del hábitat. Antes que Júpiter y Neptuno desaten sus iras la humanidad debe replicar las acciones de conservación de este lugar incomparable.

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