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El turismo de nieve se deshace por el cambio climático

Los inviernos más cálidos obligarán a cierres o reconversiones

Publicada 12/04/16
El turismo de nieve se deshace por el cambio climático

La temporada de invierno 2015-2016 -anormalmente cálida- ha perjudicado especialmente a las estaciones de esquí, sobre todo aquellas situadas en el Cantábrico y las cordilleras de la Meseta. Aunque tampoco en Sierra Nevada ni el Pirineo han andado sobrados de nieve. Para los destinos turísticos de la Península especializados en los deportes de invierno dos palabras sintetizan su inquietud ante el futuro: cambio climático.

De hecho, y según ha informado la NASA, febrero de 2016 fue "el mes de febrero más cálido de los últimos 136 años, desde que se llevan a cabo registros de temperatura modernos".

Así, la temperatura media de la Tierra se situó en 1,35 grados por encima de la media registrada en el período 1951-1980.

Esta infografía elaborada por la NASA muestra la anomalía de temperatura registrada en febrero de 2016. No se indican las temperaturas absolutas, sino cuánto más caliente o cuánto más fría estuvo la Tierra comparada con la media de 1951 a 1980.Esta infografía elaborada por la NASA muestra la anomalía de temperatura registrada en febrero de 2016. No se indican las temperaturas absolutas, sino cuánto más caliente o cuánto más fría estuvo la Tierra comparada con la media de 1951 a 1980.

Inicio de la temporada muy tardío

Las temperaturas anormalmente cálidas de este invierno han perjudicado las estaciones de esquí de la Península.

Como muestra, reproducimos la siguiente noticia enviada por la agencia de noticias Efe: “Unas 12.000 personas visitaron desde el pasado viernes hasta ayer, domingo, la estación invernal de Alto Campoo, tanto para esquiar como para pasear, según ha estimado la Consejería de Turismo de Cantabria, que considera este fin de semana el primero "positivo" en esta temporada”.

El asunto hubiera parecido una noticia de lo más normal del mundo… Salvo por la fecha: 22 de febrero. Exactamente dos meses después de haber comenzado el invierno 2015-2016, la citada estación de esquí por fin podía registrar su primer fin de semana “positivo” gracias a la nieve caída en los últimos días.

También la escasez de nieve ha marcado la temporada invernal 2015-2016 en las estaciones de esquí de Castilla y León, con un enero en el que la mayoría permanecieron prácticamente sin actividad.

En el caso de La Covatilla, en el municipio salmantino de Béjar, las instalaciones permanecieron cerradas en enero por falta de nieve por primera vez desde que se inauguraron en 2001.

Según explicaba alcalde de Béjar, Alejo Riñones, "es un perjuicio tremendo para la comarca porque la estación de esquí es la empresa más grande durante estos cinco y seis meses".

Por su parte, la estación de Navacerrada, en el límite entre la Comunidad de Castilla y León y Madrid, se mantuvo como uso turístico y apenas abrió de diciembre a febrero.

Los cañones de nieve por sí solos no son suficientes

Podía parecer que gracias a los cañones de nieve las estaciones de esquí habrían resuelto el problema. Pero temperaturas altas, que no bajaron de los cinco grados, impidieron hacerlo con frecuencia para poder abrir las pistas en muchos casos.

Finalmente, a mediados de febrero, un sistema de borrascas que entró en la Península permitió generar nieve artificial y salvar un invierno atípico en las principales estaciones de esquí de España y Andorra.

Y es que atravesados ya dos tercios de la campaña, el invierno "no acaba de entrar", se lamentaban en esas fechas desde la estación granadina de Sierra Nevada.

En cambio, algunas de las estaciones pirenaicas, en Aragón y Cataluña, han logrado cifras "positivas" de ocupación y número de visitantes, mientras que en los dominios esquiables de Grandvalira y VallNord, en Andorra, también se han mostrado satisfechos.

Inviernos más cálidos

Efectivamente, el invierno 2015-2016 ha sido anormalmente más cálido que otros años. Pero no ha sido una excepción.

Por ejemplo, un informe encargado por el gobierno aragonés muestra que los glaciares del Pirineo español han perdido un 75% de su superficie en las últimas tres décadas y se teme su total desaparición hacia la mitad de este siglo...

Llegados a este punto, dos palabras resumen el principal temor del sector turístico y aquellos destinos que tanto dependen de las estaciones de esquí: cambio climático.

Según apunta el ministro de Turismo y Comercio de Andorra, Francesc Camp, hay que tomarse "muy en serio" este fenómeno y aún más en países como Andorra, donde el turismo supone más del 50% del PIB del Principado de forma indirecta y donde el sector de la nieve genera 340 millones de euros al año y ocupa a casi 3.000 personas.

Precisamente en el país de los Pirineos, con el apoyo coordinado de varias instituciones (entre ellas, el Observatorio de la Sostenibilidad de Andorra, la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y el Instituto Pirenaico de Ecología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas), se ha llevado a cabo el estudio “Influencia del cambio climático en el turismo de nieve del Pirineo”.

El tema no es baladí para las 50 estaciones de esquí españolas, francesas y andorranas a ambos lados de los Pirineos, que registran 11 millones de visitantes al año y son hoy en día la principal actividad económica para gran parte de las comarcas pirenaicas.

Y es que según establece como punto de partida dicho estudio científico, las estaciones de esquí requieren espesores de entre 20-100 centímetros de nieve para que una pista sea practicable.

Y aunque en la actualidad gran parte de los dominios esquiables están equipados con sistemas de producción de nieve, persisten numerosas incógnitas sobre si la temperatura será suficientemente fría para que esos cañones de nieve puedan trabajar y ser rentables en el futuro.

De hecho, los autores del informe han analizado cómo podría repercutir la evolución de la temperatura máxima para tres horizontes temporales: cercano (2020-2050), mediano (2040-2070) y lejano (2070-2100) y para diferentes escenarios de cambio climático, lo que no permite vislumbrar el futuro con exactitud.

Sí se sabe, en todo caso, por experiencias anteriores, que solo un 4% de los esquiadores dejaría de practicar este deporte si cerrara la estación de esquí que frecuentan.

El resto se redistribuye entre las estaciones de esquí restantes que seguirían operando”, explica el informe.

Estaciones altamente vulnerables

El informe también ha establecido una clasificación de las estaciones de esquí según su nivel de vulnerabilidad ante el cambio climático.

El primer grupo está caracterizado por estaciones de esquí “con un bajo nivel de atractivo turístico y unas condiciones geográficas y climáticas menos favorables (estaciones a cotas más bajas, con una mayor influencia mediterránea y/o con orientaciones predominantes del sur)”.

Este grupo muestra una disminución en el número de esquiadores tanto en un escenario de cambio climático medio (+2°C) como severo (+4°C), incluso con el uso de nieve artificial.

Estas estaciones “altamente vulnerables” a los efectos del cambio climático “deberían reconsiderar el turismo de nieve como su actividad principal y reorientarlo, en un marco de turismo sostenible, hacia otras actividades que no dependan tanto del recurso nivoso y estén más orientadas al turismo de montaña estival como por ejemplo el ciclismo de montaña, el turismo rural o el senderismo”.

Riesgo medio

Un segundo grupo de estaciones de esquí, “con un nivel de atractivo medio y con unas condiciones climáticas y geográficas más favorables que el primer grupo, bajo un escenario de cambio climático medio es capaz de incrementar la frecuentación de esquiadores en su dominio, en gran medida gracias a la nieve de producción".

"Sin embargo, bajo un escenario de cambio climático más severo, la mayoría de estaciones sufrirían un descenso de la frecuentación, principalmente debido a la pérdida de días con las condiciones mínimas de temperatura para producir nieve y, por lo tanto, de su capacidad para mantener una temporada más larga”, según advierte el informe.

Estaciones más resistentes

Finalmente, existe un tercer grupo compuesto por estaciones con unas características geográficas más privilegiadas (mayor altitud, mayor influencia atlántica y/o orientaciones predominantes de norte) y un mayor atractivo turístico.

“Este grupo es considerado el más resiliente, ya que a pesar de sufrir una reducción de la temporada de esquí, la capacidad de abrir durante más días que sus competidores y su mayor y más diversa oferta turística, les proporcionan una ventaja estratégica que les permitirá, tanto en un escenario de cambio climático moderado como en uno más severo, atraer a aquellos esquiadores de las estaciones de esquí cercanas más vulnerables”, indica el informe.

Redistribución de los esquiadores

Por tanto, la principal consecuencia del cambio climático no sería una caída significativa de la demanda sino una redistribución de los esquiadores, “teniendo en cuenta no solo la variabilidad física y climática de cada una de las estaciones sino también la influencia de otros factores socioeconómicos como la oferta turística complementaria o la accesibilidad”.

Según explica uno de los coordinadores de este estudio, Marc Pons, “a día de hoy, estamos trabajando para crear un consorcio a escala del Pirineo entre estaciones de esquí, administraciones públicas y científicos con el fin de desarrollar y aplicar planes de adaptación específicos para diferentes estaciones de esquí con diferente vulnerabilidad al cambio climático”.

De momento, dicho proyecto aún se encuentra en fase de diseño y búsqueda de financiación por medio de programas europeos, aunque tendria que estar en marcha en 2017.

Infraestructuras, claves

Por otra parte, adaptar las estaciones de esquí y sus alrededores a los efectos del cambio climático también requerirá planificar bien las infraestructuras, según explica Alejandro Josa, director del departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la UPC.

"Cuando oímos que habrá un incremento en la temperatura mundial de dos a cuatro grados centígrados, se puede pensar que esto será homogéneo en todo el mundo, pero en realidad dependerá de cada zona y además se generarán con más frecuencia fenómenos extremos: olas de calor, de frío, lluvias torrenciales, etc", explica este experto.

Además, recuerda Josa, "la nieve depende de la temperatura y la altitud” por lo que, teniendo en cuenta los estudios sobre cambio climático realizadas hasta ahora, “hay malas noticias para el turismo de nieve en España. Y aunque el proceso de calentamiento será gradual, podrá haber años en que prácticamente no haya nieve".

Por tanto, añade, ante el cambio climático solo hay dos estrategias: adaptación y mitigación.

“En el futuro, la ingeniería puede protegernos ante el cambio climático cuando se produzcan esos episodios más extremos, por ejemplo si desarrollamos diques de contención, estructuras defensivas, sistemas de conducción de aguas, etc. La función social de la ingeniería sigue ahí y las infraestructuras son claves para la calidad de vida".

Por lo que respecta a la mitigación, "la clave es reducir las emisiones de gases para que el cambio climático no avance tan rápido".

Pero para muchas estaciones de esquí, el reloj ya ha iniciado la cuenta atrás.

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