Diario 5904 27.05.2020 | 05:41
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Edición España. Gestionando la crisis

De cuando el Meliá Palma Bay se transformó en un hospital COVID-19

Recorrido por el primer hotel medicalizado de Palma 30 abril, 2020
  • El hotel desmontó sus 268 habitaciones y las acondicionó para recibir hasta 250 pacientes COVID-19 leves y asintomáticos
  • En el Palau de Congressos se preparó una UCI no Covid con 18 camas para ser utilizada en caso de saturación en hospitales de Palma
  • El primer hotel medicalizado de Palma funciona como un anexo del Hospital Son Llàtzer

Por el Paseo Marítimo no hay runners, los semáforos funcionan pero nadie espera. El edificio del Palau de Congressos parece más gris que otras veces y en la acera hay un camión de oxígeno y estructuras de caños rodeado por vallas. Del Meliá Palma Bay no entra ni sale gente y en el interior no hay recepcionistas con uniformes, sino empleados administrativos del Hospital Son Llàtzer. Desde hace un mes, este 4 estrellas frente a la playa de Ca'n Pere Antoni en Palma funciona como un anexo del hospital y allí se atienden a pacientes COVID-19 leves o asintomáticos.

La ubicación, las instalaciones y las plazas de parking disponibles ayudaron en la elección y la transformación de este establecimiento en el primer hotel medicalizado de Mallorca y el quinto de Meliá Hotels International en toda España. También el hecho que el propio Gabriel Escarrer, consejero delegado de la cadena, ofreciera sus hoteles para ayudar a “frenar la curva” de crecimiento de la pandemia del coronavirus.

En el hotel las 268 habitaciones disponibles fueron desmontadas por completo “para vestirlas como un hospital”, explica a HOSTELTUR Ramón Vidal, su General Manager. Lo mismo ocurre en el Palau de Congressos, donde se ha montado una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para pacientes no COVID-19. Y aunque las luces no son frías, ni las paredes blancas, ni los pasillos huelen a alcohol, se camina envuelto en ese silencio que no deja lugar a dudas.

El “Hospital Palau”, que tiene su propio director médico y jefa de enfermería, sólo conserva del hotel la estructura, las camas y colchones, los teléfonos y televisores y no mucho más. El primer piso, en el que actualmente están los pacientes, emula una planta de hospital: hay cinco enfermeras, un despacho para el personal, un office donde se gestiona todo el material y están las habitaciones enumeradas, a las que solamente entran los sanitarios y los encargados de la limpieza. Aunque no son pacientes de riesgo, aquí tampoco están permitidas las visitas.

Los carritos que recorren los pasillos del Meliá Palma Bay no son los habituales.

Desde el día uno el trabajo con la Conselleria de Salut ha estado coordinado, y aunque ya no queda plantilla del Meliá Palma Bay, a excepción de algunas personas de mantenimiento y la seguridad del Palau, la cadena ofreció a su equipo para formar al personal sanitario en cuestiones de evacuación, emergencias y prevención de riesgos laborales en el edificio.

“Tenemos que tener respeto por la estructura hospitalaria y ayudar a que los sanitarios estén cómodos lejos de su espacio habitual de trabajo, que se sientan felices. En eso estamos todos los días, siendo facilitadores, pero no puede ser posible que convivan trabajadores del hotel y sanitarios”, expone el máximo responsable del establecimiento hotelero

Vidal, que cada mañana atraviesa las puertas de vidrio del hotel y hace un recorrido por las instalaciones –protegido por una mascarilla blanca y guantes azules- cuenta que en la transformación la ayuda del Regimiento Palma 47 y la Conselleria de Salut fueron clave; también la presencia del equipo de Meliá y de voluntarios que pusieron manos a la obra para desarmar el mobiliario de las habitaciones y trasladarlo a las salas que, si la realidad fuera otra, deberían estar reservadas para reuniones y eventos corporativos.

En esos almacenes improvisados se guardaron los toppers de los colchones, cafeteras, minibares, amenities, secadores de pelo, planchas, sábanas y edredones. “La ropa de cama es del hospital y los colchones, que sí son del hotel, están perfectamente protegidos aunque cuando termine todo este proceso se cambiarán los que hayan sido ocupados”.

Ramón Vidal junto al Regimiento Palma 47 cuando empezó la transformación del hotel en hospital

Según detalla el General Manager de Meliá Palma Bay y el Palau de Congressos, en esta transformación “tuvimos que preparar los espacios, los ascensores, crear circuitos de limpio y sucio que en los hospitales van de forma independiente” y también despejar las cocinas para el catering del hospital.

“Al principio nos planteaos dar nosotros la comida, pero los protocolos de sanidad son muy distintos a los de los hoteles”, por esa razón es que “se están utilizando las cocinas pero como pase. La comida se regenera en nuestros hornos y se da servicio a los pacientes en sus habitaciones y al personal sanitario en los salones”.

Si bien el catering del “Hospital Palau” es el mismo que la Conselleria tiene contratado para todos los hospitales de Mallorca, “ha habido una avalancha de donaciones en todos los hoteles que tenemos medicalizados en España”.

“Tener el hotel abierto supone un coste muy grande, pero hemos tenido apoyo de muchos proveedores”, reconoce Ramón Vidal

Desde Endesa que da energía gratis al hotel y al palacio de congresos, pasando por Otis que ha asumido el coste del mantenimiento de ascensores y escaleras mecánicas, hasta proveedores de café, bebidas, galletas y otros que han donado papelería, material de aseo, mascarillas y guantes.

El papel de las empresas es clave y en un caso como este se ha demostrado la importancia de responder. Los que formamos parte de empresas responsables como Meliá ya llevamos en el ADN esa carga de responsabilidad con nuestro entorno”, y asegura que “esta solidaridad es lo que más me ha impactado en todo este proceso. Y creo que mucho de esto se va a quedar. Este sentimiento de unidad va a dejar huella en el futuro y seguro se va a reforzar la parte de Responsabilidad Social de las empresas”.

Detalles de hospitalidad

En total este hotel medicalizado está preparado para recibir a 250 pacientes COVID-19, y si bien hay rotación constante, hasta el momento no han superado las 30 plazas ocupadas.

En cada habitación de la primera planta hay un paciente y desde que ingresan hasta que reciben el alta permanecen aislados. No hay zonas comunes para los COVID-19 y durante los días de hospitalización las únicas personas con las que interactúan son el personal de limpieza, enfermeros y médicos. Pero a ninguno le conocen la cara, sólo los ojos.

Es que quienes están en primera línea, aunque traten a pacientes leves o asintomáticos, antes de abrir las puertas deben dedicar entre cinco y siete minutos a colocarse correctamente los Equipos de Protección Individual (EPI), hasta quedar convertidos en astronautas sanitarios de overol blanco, guantes dobles, mascarillas y pantallas de plástico.

Tal vez sea por esa despersonalización a la que están sometidos en sus días de aislamiento quea los pacientes les emociona recibir todas las tardes un pequeño detalle: chocolates, zumos, patatas, chips. Son cariños que se tienen a diario también con los sanitarios y que evidentemente son cosas de la hospitalidad. Cosas que llevamos dentro”, remarca el gerente del Meliá Palma Bay, quien además de apoyar la iniciativa de dibujar un corazón en la fachada, estuvo para darles la bienvenida a los primeros pacientes y está para dar un último apretón de manos cuando son dados de alta

Anticiparse para evitar el caos

El Palau de Congressos y el hotel Meliá Palma Bay están unidos por la tercera planta y es allí donde, en dos semanas, se acondicionaron las salas con 18 camas de UCI “no COVID-19” para ser ocupadas en el caso de que los hospitales en Mallorca se saturaran.

Además, han montado un hospital de campaña con 105 camas –del Meliá Calviá Beach- previendo un posible pico de contagio. Por suerte hasta el momento no han sido requeridos.

Hospital de campaña en la planta baja del Palau de Congressos.

Fase de recuperación

Según ha comentado Ramón Vidal el hotel estará medicalizado hasta que las autoridades sanitarias lo dispongan y cuando quede libre “empezamos con la tercera fase que es la de desmontaje y desinfección del establecimiento”, lo cual estará a cargo de la Conselleria de Salut.

“El hotel es muy aséptico, no tenemos alfombras ni cortinas y esto hará que sea más fácil pasar de la fase dos a la tres”, asegura quien cree que en el corto plazo los clientes exigirán más controles de higiene en las instalaciones

Un hito para el hotel

Esto va a ser un momento histórico para el hotel. El haber servido como balón de oxígeno para la estructura sanitaria de Mallorca va a quedar en la memoria de todos”, reflexiona Ramón Vidal.

Y concluye afirmando que “la experiencia, para los que hemos visto en directo esta transformación, es demoledora porque hemos vivido la crueldad de este virus en primera línea. Pero es reconfortante y todos los que estamos aquí nos hemos sentido muy orgullosos de que nuestra empresa haya dado este paso adelante”.

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