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Barcelona, centro de la moda culinaria de comer insectos y flores

13 abril, 2004
La ciudad de Barcelona se ha convertido en uno de los centros culinarios del sur de Europa donde más se practica la moda gastronómica de cocinar insectos y flores tras la apertura en el mercado de La Boquería de un gran establecimiento dedicado a estos nuevos manjares que luego se sirven en restaurantes exóticos.
La ciudad de Barcelona se ha convertido en uno de los centros culinarios del sur de Europa donde más se practica la moda gastronómica de cocinar insectos y flores tras la apertura en el mercado de La Boquería de un gran establecimiento dedicado a estos nuevos manjares que luego se sirven en restaurantes exóticos. Los comensales más sibaritas se desplazan a Barcelona para degustar en algunos de sus restaurantes exóticos platos como gusanos al queso o a la barbacoa, grillos al curry, escorpiones a la brasa o piruletas con hormigas, productos tradicionales en China, Japón, Tailandia o México. Restaurantes típicos de estos países se han incorporado ahora a la dieta mediterránea que está arrasando, junto con la moda de mezclar flores en los guisos más tradicionales. "No estábamos preparados para tener tanta expectación. ¡Nunca lo hubiéramos soñado!, ha exclamado a EFE el dueño del primer establecimiento de La Boquería que vende insectos para cocinar, Llorenc Petrás, a quien ha pillado por sorpresa la repercusión mediática y social de su negocio, inaugurado hace menos de un mes, y que está recibiendo llamadas de todos los lugares del mundo interesados por esta innovación culinaria. "Todos llegan como curiosos, pero acaban comprando", explica el encargado del establecimiento, su hijo Isaac Petrás. A pesar de que es difícil cambiar las costumbres alimenticias de la sociedad, poco a poco la gente valiente y curiosa se anima a probarlos. "Y es que tenemos que romper el mito de que los únicos bichos que existen son los que corren por los rincones", añade Isaac. "Ahora tenemos unas veinte variedades de insectos, pero hemos encargado ochenta más. Estamos a la espera de encontrar envases para la venta y pendientes de la legislación correspondiente", manifiesta el vendedor de La Boqueria. Una bolsa con una docena de gusanos, con sabor a curry, queso, barbacoa o chile, cuesta tres euros; sal elaborada a partir de gusano rojo de mezcal mexicano, seis euros; escorpiones, a tres euros la unidad, piruletas de hormigas o de gusanos cinco euros, aunque Isaac Petrás espera que los precios vayan bajando a medida que se venda más. Petrás asegura que "los insectos resultan caros porque el proceso de manipulación para que sean comestibles sin ningún tipo de riesgo es costoso". Los crujientes escorpiones es el alimento que, según él, "levanta más pasiones, pero también más miedos". La idea surgió a través de los viajes que hacía la familia Petrás por Asia, Suramérica o Africa, dónde comer insectos es algo muy habitual. Y es que todos estos insectos proceden de México y de un distribuidor londinense que los trae de Vietnam, Venezuela, Colombia, Tailandia y China. Como en Barcelona, está resurgiendo la entomofagia (consumo de insectos) en países desarrollados de Europa, Japón y Estados Unidos. Pero en Barcelona no solamente se venden nuevos productos, sino que en Fruterías Fidalgo, situada en el mercado de Galvany, otro popular recinto de compras de la misma ciudad, podemos encontrar pensamientos, orquídeas lilas, gladiolos, caléndulas, amarillas capuchinas, lavanda, crisantemos, rosas, jazmines, flor de calabacín o violetas para acompañar nuestros platos, ensaladas o postres. Igual que los insectos se venden previamente preparados para ser ingeridos, las flores son cultivadas expresamente para ser comestibles. Estas flores de la frutería no son exactamente como las de las floristerías, ya que, aunque son las mismas especies, se han cultivado sin elementos tóxicos como pesticidas, insecticidas y abonos. "De esta manera, la flor es la misma, pero con la diferencia del tratamiento dado", ha explicado a EFE Mari Carmen Legaz responsable de la frutería. Mari Carmen Legaz comenta que cada flor tiene su uso y debemos distinguirlos "unas tienen un uso culinario, otras se utilizan para infusiones, mientras algunas dan mejor sabor como condimento y otras son simplemente decorativas". Su sabor amargo es uno de los inconvenientes para comer este tipo de vegetales, tradicionalmente usados para el arte decorativo. Por esta razón, no se recomienda abusar de su uso en las comidas ya que pueden llegar a ser muy amargas. Sin embargo, en Israel un grupo de investigadores están averiguando cómo eliminar el gen amargo de la mayoría de las flores comestibles. Un paquete de casi una decena de pensamientos puede costar unos cuatro euros mientras que el de orquídeas cuesta siete euros. Y es que, estas últimas, provienen de Costa Rica mientras que la mayoría, cuando las condiciones climáticas lo permiten, se cultivan en la propia zona. "Además de los restaurantes, los clientes solamente las compran en Navidades y en ocasiones especiales" cuenta Mari Carmen. "Las flores que tienen más éxito son los pensamientos, quizás por su precio, ya que vienen de la costa catalana, pero mis preferidas son las orquídeas".

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