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Edición España.

La importancia de la innovación abierta

27 abril, 2009
No sé si ya somos capaces de las limitaciones que puede tener una organización o empresa encerrada en sí misma. Las enseñanzas que parecen aflorar de la filosofía 2.0 son en muchas ocasiones difíciles de aplicar, sobre todo porque suponen una pérdida del poder tradicional y de una forma de hacer las cosas "como siempre se ha hecho" y que, reconozcámoslo, ha sido muy eficiente hasta ahora.
Pero tal vez el proceso evolutivo de la empresa y del sector turístico está llegando a un periodo de declive. Reconozco que para explicar este momento me gusta mucho la imagen de la doble curva sigmoidea. La curva sigmoidea es una curva en forma de S que representa el proceso vital de cualquier fenómeno humano sobre la tierra, desde una empresa hasta la propia vida, y por supuesto una industria o sector. Todo comienza con el nacimiento, un periodo de crecimiento y un declive final. La enseñanza está en que existe la posibilidad de que antes de que comience el
declive seamos capaces de saltar a otra curva anexa que nos permita volver a iniciar el proceso. Lo malo es que el salto ha de producirse cuando se está en la cúspide o al menos cerca de ella, y pasamos a un nuevo proceso en el que en muchos casos hemos de empezar de cero.

Nos encontramos es un momento crucial, una situación de cambio en la que tenemos que decidir si damos el salto o no, si seguimos utilizando maneras de hacer las cosas tradicionales y conocidas, pero sobre todo controlables, o damos un paso y cedemos parte de nuestro poder e
información a ?los de fuera?. La innovación abierta es un claro ejemplo de
camino en esa dirección.

La idea de innovación abierta viene de Henry Chesbrough, profesor de la Universidad de Berkeley, que entendió que las empresas ya no pueden abarcar todo el proceso de innovación, tanto porque no son capaces de asumir todas las acciones que conlleva como porque no pueden
cubrir de forma interna todas las posibles soluciones o iniciativas. Las
fuentes de conocimiento se han multiplicado con la aparición de Internet, y
obviarlas es una pérdida de oportunidades y de recursos.

Debemos entender entonces que la innovación ha de ser abierta, pero eso quiere decir que no sólo hemos de modificar las posibles fuentes de esa innovación integrando a las fuentes externas, sino que también hemos de modificar los procesos internos con los que gestionamos la innovación. De ese modo ya no podemos hablar de un proceso que hace fluir la innovación desde la dirección hacia abajo y hacia el exterior, el mercado, sino que debemos entender que han de ser ?los de abajo?, los trabajadores, los que también se integren de manera natural en el proceso innovador captando ideas del mercado (clientes) y proponiendo las que consideren interesantes.

Tradicionalmente la innovación se ha concebido como un embudo. Éste representaba un proceso en el que las ideas se introducían, procesaban y filtraban y finalmente daban como resultado alguna innovación que se trasladaba al mercado actual. La figura del embudo ya no sirve. Ya no hay un solo canal de entrada de las ideas, sino que el embudo tiene multitud de orificios por los que entran las ideas externas al interior. Pero es que además esos orificios permiten la salida de nuevas innovaciones que
no necesariamente han de ir a nuestro mercado actual, sino que también pueden direccionarse a posibles mercados futuros o de nuestros competidores.

Conseguimos de este modo una información valiosa e incluso la posibilidad de que innovaciones que en un primer momento no pudieran parecer útiles para nuestra empresa, se desarrollen y evolucionen en esos mercados alternativos y nos vuelvan con la información necesaria para adaptarlas adecuadamente. Las ventajas de este tipo de enfoques son muchas. En primer lugar integrar un proceso de innovación de este modo permite ?democratizar? la innovación. Ya no es exclusiva de las grandes empresas, sino que las pequeñas organizaciones tienen posibilidad de acceder a las distintas fuentes de ideas innovadoras. Juan Freire señala también tres beneficios bastante evidentes con este tipo de innovación. Por una parte la reducción de costes, puesto que el crowdsourcing parece una
forma evidente
de abaratar el coste de la innovación respecto al
modelo interno. Además se produce una aceleración de la innovación al aumentar los focos de la misma y generarse un ciclo de creación cada vez más rápido al integrarse nuevos actores. En este sentido es interesante recordar el Principio Metcalfe, que dice que el valor de una red aumenta proporcionalmente al cuadrado del número de usuarios conectados a ésta, por tanto, cuantos más participen en la red innovadora más aumentará exponencialmente su valor. Un tercer beneficio mencionado por Juan Freire es el del aumento de creatividad, ya que al ser las fuentes de la innovación tan heterogéneas se produce un cuasi brainstorming informal y permanente.

Una de las acciones más interesantes de este proceso de innovación abierta es la de integrar a los clientes en la misma. De esto ya hemos hablado en otras ocasiones cuando hemos mencionado las
estrategias del Grupo Magic Costa Blanca, aunque sin llegar a conceptualizarlo en profundidad.

Eric Von Hippel habla de la necesidad de democratizar la innovación, de modo que prime el papel del usuario a la hora de crear nuevos productos, servicios o ideas innovadoras. La idea de Von Hippel es que existe una serie de usuarios, los lead users, que cuando no encuentran un
producto o servicio en el mercado que sea de su agrado, lo crean o al menos buscan canales donde manifestar esa necesidad. En cierto modo el adprosumer es un lead user, aunque en un mercado muy segmentado.

El valor que tienen estos lead users o usuarios avanzados es que suelen crear tendencia y permite que otro tipo de consumidores, como los pioneros, los usuarios comunes y los rezagados, adopten las innovaciones que ellos han creado o inducido. En este sentido Internet se
convierte en un entorno ideal para transmisión de información entre usuarios sobre innovaciones y nuevos servicios y productos.

Hablamos, en definitiva, de un proceso que se retroalimenta constantemente, el de la innovación abierta, y que integra a
todos los actores del proceso, desde productores hasta clientes, pasando por proveedores y competidores. Por supuesto, este tipo de gestión de la innovación implica obviar una serie de principios y formas de gestión ya obsoletas que ponían la importancia en la propiedad, la falta de información y el control absoluto.

Juan Sobejano (juan.sobejano@hosteltur.com)
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