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Cómo desarrollar entornos innovadores

13 noviembre, 2009
Ayer iniciamos una serie de reflexiones en torno al destino como entorno de valor más allá del puramente turístico. Digo iniciamos porque aunque no era intención de quien esto escribe continuar con ese objeto de estudio las lecturas diarias y los pensamientos peregrinos me han llevado a recuperar el tema desde una nueva perspectiva.
Hablábamos ayer de el destino como entorno experiencial y de socialización, con el profundo aporte de valor que eso supone para el viajero. Entre los comentarios Oriol Miralbell comenta la importancia de crear entornos innovadores y nombra para ello la teoría de la Triple Hélices de Henry Etzkwotiz.

 Evidentemente la creación de un destino dinámico y con capacidad innata para la innovación supone disponer de un largo recorrido para establecer estrategias de adaptación constante y la capacidad de estar abiertos a nuevos escenarios y cambios paradigmáticos de forma natural y sin ningún tipo de crisis interna. 


Juan Freire ha publicado en torno a este tema un interesantísimo artículo que da algunas pautas sobre las que crear y desarrollar estos entornos innovadores. Parte Freire de un concepto interesante, i-cosistema, ecosistema innovador, que supone la asunción de un entorno que lleva en su naturaleza la semilla del cambio, de la inestabilidad creadora y de la mejora continua. La creación de este tipo de entornos, en los que la triple hélice (universidades, administración y empresas) que comenta Miralbell es fundamental para su gestión, alimenta firmemente la capacidad de desarrollar estrategias innovadoras en los destinos y entornos y de, como hemos dicho, la posibilidad de adaptarse de forma natural a los cambios tecnológicos, sociales o de gestión que puedan acontecer.
 
El desarrollo de este i-cosistema parte de una premisa que muestra su valor intrínseco, en ocasiones no es necesario tratar de desarrollar acciones innovadoras, basta con crear entornos innovadores. Es cierto, solemos obcecarnos con estrategias de innovación que van enfocadas a la consecución de un fin objetivo, es lo que Freire llama modelo restrictivo de la innovación, pues todos los recursos van enfocados a ese fin diferenciado de modo que limita la capacidad de focalizar otras acciones.

Además este tipo de innovación suele ser muy dirigida, controlada por lo general por instancias administrativas que dificultan la transmisión y la integración de nuevas fuerzas de conocimiento, en ocasiones no articuladas pero que pueden ofrecer una visión muy enriquecedora, como pueden ser los propios viajeros.
 
Por el contrario, como dice el propio Freire, la innovación “es la capacidad de personas y colectivos de desarrollar proyectos autónomos donde generen ideas que acaben transformadas en objetos, procesos u organizaciones que den respuestas a los problemas a los que nos enfrentamos o ideen nuevos escenarios para nuestro desarrollo económico y social”.

Un modelo de innovación no restrictivo permite la creación de espacios innovadores, donde la capacidad de cambio y adaptación con mejora sea un objetivo natural. Como bien dice Freire en su definición, la innovación no es una acción, es una capacidad, una característica que permanece en el sujeto o en la colectividad para desarrollar proyectos direccionados desde una determinada perspectiva de cambio y mejora. En este contexto la creación de entornos que favorezcan esa innovación es fundamental.
 
Evidentemente la innovación o es práctica o no es, es decir, o tiene un efecto concreto sobre el sujeto, el grupo, el mercado o la sociedad o no puede ser calificada como tal. Pero al mismo tiempo la innovación tiene algo, o mucho, de cambio disruptivo, de quebranto de creencias, modos y formas de actuar. La perspectiva siempre ha de ser, por supuesto, desde un enfoque de mejora, de avance.
 
La asunción de este tipo de premisas e ideas supone, cuando se aplican al destino turístico, creer en la bondad del profundo conocimiento de las nuevas corrientes, de las inercias que está generando Internet y los cambios de gestión y socialización que está generando, incluso los cambios que está experimentando el viajero a la hora de conceptualizar el producto turístico y el disfrute del destino.
 
En el próximo artículo reflexionaremos sobre las pautas que pone Juan Freire encima de la mesa y que parecen ser la base desde la que crear un entorno y un escenario de innovación.
 
Juan Sobejano  (juan.sobejano@hosteltur)
 
 

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