Diario 2295 28.05.2020 | 10:00
Hosteltur: Noticias de turismo
Edición Latam. Nota de opinión

La oportunidad para un turismo mejor, ¿otro propósito de año nuevo?

21 abril, 2020

Patricia Molina, consultora especializada en turismo; ex directora de Promoción del Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur) de la Argentina; y responsable de la transferencia SCTE Buenas Prácticas de Calidad Turística España-Argentina, analiza en este artículo el impacto de la pandemia de coronavirus en el modelo turístico global. En ese contexto, advierte que si el sector sólo centra la mirada en su supervivencia corre el riesgo de perpetuar y profundizar las falencias del modelo que se venía sosteniendo, el cual podría quedar obsoleto.

Jabalíes por las calles de España, aguas cristalinas en los canales de Venecia, reducción de emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, mejora de la calidad del aire y menor contaminación ambiental en las ciudades. Este tipo de noticias fueron disminuyendo de manera paulatina ante la inminencia de una crisis económica mundial sin precedentes en los últimos 50 años que, sobre todo en el caso del turismo, nos encontrará muy diferentes cuando pase. Pero, ¿será tan así?

Los escenarios son eso: montajes de un futuro probable y posible. Muchas empresas desaparecerán, otras saldrán fortalecidas, y lo mismo pasará con modelos de negocios. Mientras que algunos destinos se recuperarán más pronto, otros tardarán más, dependiendo de cómo los haya impactado la pandemia, su nivel de dependencia del turismo, las medidas gubernamentales y los recursos económicos/financieros que logren gestionar.

Patricia Molina: "Este shock planetario también es un excelente momento para que todos juntos repensemos si volvemos al mismo turismo"

De repente, las reflexiones de un turismo menos contaminante, no masificado, con un entramado productivo y de servicios en toda su cadena de valor que sea económicamente rentable, socialmente inclusivo y justo, y ambientalmente sostenible quedaron solapadas por la importancia innegable y urgente de la seguridad sanitaria, la necesidad imperiosa de mantener ingresos y puestos de trabajo, y una recuperación de la actividad lo más cercana posible en el tiempo para paliar la catástrofe que implica esta pandemia para el turismo.

Las experiencias de naturaleza; los desplazamientos de cercanía; los cambios en los comportamientos de los consumidores, en los viajes y en las prestaciones por la implementación de las medidas de prevención y contención del COVID-19; la penetración de la tecnología; y las fuerzas dispares de los actores en la cadena de valor copan la agenda junto a las opciones de ayuda económica y un mundo deprimido. Mientras tanto, la ventana de oportunidad de pensar otro turismo -e incluso de dimensionar los alcances de coordinación que amerita el contexto actual- parece ir cerrándose día a día.

El nuevo orden mundial del que se habla no se refiere solamente a la convivencia con un virus que hace colapsar el sistema sanitario de cualquier país del mundo, y en consecuencia su economía. Amén de mostrar esta íntima relación, se están poniendo en tela de juicio el sistema productivo y de consumo mundial que nos regía hasta hace sólo cuatro meses; los alcances profundos y no tan positivos de la globalización; la disparidad entre los países ricos y pobres; la concentración de la riqueza y sus consecuencias; y las formas de distribución del ingreso. También se señala la necesidad de una aproximación colectiva, conjunta y solidaria entre las naciones y los pueblos para minimizar el impacto de la pandemia, así como de otras cuestiones.

Este shock planetario también es un excelente momento para que todos juntos repensemos si volvemos al mismo turismo con un poco más de tecnología, unos productos adicionales y un poco más de higiene o promoviendo un espacio de intercambio y diálogo profundo entre todos los actores del territorio para debatir, cambiar y hacer lo que no hicimos hasta ahora.

Si no, concentrados solamente en la supervivencia y en la recuperación inmediata, imaginar un turismo mejor corre el riesgo de entrar en la categoría de los bienintencionados pero escasamente materializables propósitos de año nuevo. Un escenario posible y deseable, plagado de buenas intenciones, pero poco probable.

  • Autora: Lic. Patricia Molina, consultora especializada en turismo; ex directora de Promoción del Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur) de la Argentina; y responsable de la transferencia SCTE Buenas Prácticas de Calidad Turística España-Argentina

Patricia Molina, consultora especializada en turismo; ex directora de Promoción del Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur) de la Argentina; y responsable de la transferencia SCTE Buenas Prácticas de Calidad Turística España-Argentina.

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