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Aguas turbias para el coloso de los cruceros

3 marzo, 2003
La Comisión Europea acaba de dar luz verde a la fusión de Carnival y P&O Princess, que creará la mayor línea de cruceros del mundo en un mercado afectado por el clima prebélico. La larga y dura batalla entre dos de las mayores líneas de cruceros del mundo se saldó el pasado mes de enero con el acuerdo de compra de la británica P&O Princess por parte de Carnival, también del Reino Unido, por 5.700 millones de euros. La unión de ambas compañías, que acaba de ser bendecida por la Comisión Europea, creará un gigante con una facturación de 7.000 millones de euros, 65 barcos, 100.000 camarotes y una plantilla total de 60.000 personas. P&O Princess, dueña del barco de la famosa serie televisiva de los setenta y ochenta Vacaciones en el mar, mantuvo una resistencia de más de un año a la OPA hostil de Carnival e incluso llegó a un preacuerdo de fusión con otra de sus rivales, la estadounidense Royal Caribbean. Pero al final se dejó seducir por la superioridad financiera de la oferta de Carnival, primera del ranking en el negocio de los cruceros, y por la promesa de que la nueva firma surgida de la fusión mantendría una cotización bursátil dual bajo una única organización.
La Comisión Europea acaba de dar luz verde a la fusión de Carnival y P&O Princess, que creará la mayor línea de cruceros del mundo en un mercado afectado por el clima prebélico. La larga y dura batalla entre dos de las mayores líneas de cruceros del mundo se saldó el pasado mes de enero con el acuerdo de compra de la británica P&O Princess por parte de Carnival, también del Reino Unido, por 5.700 millones de euros. La unión de ambas compañías, que acaba de ser bendecida por la Comisión Europea, creará un gigante con una facturación de 7.000 millones de euros, 65 barcos, 100.000 camarotes y una plantilla total de 60.000 personas. P&O Princess, dueña del barco de la famosa serie televisiva de los setenta y ochenta Vacaciones en el mar, mantuvo una resistencia de más de un año a la OPA hostil de Carnival e incluso llegó a un preacuerdo de fusión con otra de sus rivales, la estadounidense Royal Caribbean. Pero al final se dejó seducir por la superioridad financiera de la oferta de Carnival, primera del ranking en el negocio de los cruceros, y por la promesa de que la nueva firma surgida de la fusión mantendría una cotización bursátil dual bajo una única organización. El nuevo coloso llevará el nombre de Carnival, tendrá sede en Miami y oficinas en Londres. Según Miky Arison, presidente y consejero delegado de la nueva firma, la unión de los dos negocios permitirá lograr unos ahorros anuales de más de 100 millones de euros. Carnival ha señalado que espera cerrar la fusión con P&O Princess en abril, tras la aprobación del acuerdo por parte de los accionistas y la autorización final de los reguladores de la Comisión Europea. Pero la firma contempla ambas cuestiones como meras formalidades y considera la unión de ambas compañías como un hecho consumado. La nueva compañía tiene previsto construir 18 nuevos barcos y dos buques de río, con una inversión estimada de 7.000 millones de euros. El objetivo es incrementar la capacidad en un 45% en los próximos tres años, asegura Carnival. Entre los dos grupos sumarán un total de 3,5 millones de pasajeros al año, con destinos que incluyen Alaska, Bahamas, Caribe, India, México y Panamá. La fusión deja en una situación particularmente vulnerable a Royal Caribbean, ahora segunda en el ranking a mucha distancia de Carnival, en un negocio tocado desde los ataques del 11 de septiembre y que afronta nuevas incertidumbres por la amenaza de una posible guerra en el Golfo y el temor de que se produzcan nuevos atentados terroristas Estas sombrías previsiones fueron puestas de manifiesto durante la presentación hace un par de semanas de los resultados de P&O Princess correspondientes a su último ejercicio fiscal. Las cifras superaron las previsiones de los analistas con un aumento en los beneficios antes de impuestos del 15%, hasta los 416 millones de euros, pero los márgenes cayeron un 4% y la compañía advirtió que las actuales circunstancias geopolíticas podrían afectar a sus ventas de pasajes en los próximos meses. En 1991, durante la primera guerra del Golfo, hubo cancelaciones masivas de viajes y las líneas de cruceros estuvieron al borde de la quiebra. A la incertidumbre ante un conflicto bélico, se añaden los problemas de virus estomacales que los pasajeros de algunos de los barcos de estas líneas han sufrido recientemente y que están teniendo una repercusión negativa en las ventas. La caída en los márgenes causada por la guerra de precios que se desató entre las principales líneas de cruceros para paliar el descenso de reservas y el encarecimiento del combustible por el clima prebélico, son las razones aducidas por Carnival al presentar unos resultados peores de lo previsto en su último trimestre fiscal. Pese a estos datos negativos, Peter Ratcliffe, todavía consejero delegado de P&O Princess, y próximo director ejecutivo de Carnival, opina que el potencial de la nueva compañía es muy grande y añade que no se prevén recortes de plantilla significativos tras la fusión. 'En EE UU hay siete millones de viajeros de cruceros, por lo que aún queda mucho crecimiento por explotar. Y lo que resulta aún más esperanzador es que en el resto del mundo la gente está descubriendo esta opción de vacaciones', subraya Ratcliffe. Habrá que ver lo que ocurre en los próximos meses. La suma de la crisis económica y una posible guerra no genera un clima demasiado propicio para unas vacaciones en el mar. El negocio de los cruceros no está precisamente atravesando su momento más boyante. Tras el descenso en las ventas como consecuencia de los ataques terroristas del 11 de septiembre, las tres grandes en el negocio, Carnival, Royal Caribbean y P&O Princess, entraron en una feroz guerra de precios que ha dejado seriamente afectados sus márgenes financieros.En medio de este duro panorama, las fusiones en el sector estaban cantadas y finalmente fue Carnival la que se llevó el gato al agua, tras una dura pugna, en la compra de P&O Princess. Pero la nueva Carnival surgida tras la fusión no lo va a tener fácil. Los últimos datos indican una caída en las reservas y la anulación de viajes al Mediterráneo en previsión de un conflicto en el Golfo. La guerra puede crear otros problemas para la industria de cruceros. En 1982 el barco Queen Elizabeth II, de la línea Cunard, fue requisado por el Gobierno del Reino Unido para transportar a sus soldados a las islas Malvinas durante el conflicto bélico que este país mantuvo con Argentina. (A.H., diario Cinco Días, 03/03/03)
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