¿Quién quiere un líder?

Vivimos una época en la que el relativismo domina las distintas ramas del saber. Desde que el postmodernismo del siglo XX rompiera gran parte de las verdades inmutables, nada es lo que parece. Los significantes siguen ahí pero los significados cambian según el prisma del cristal con que se mire.

Gianni Vattino, uno de los principales filósofos postmodernos, dice que lo importante no son los hechos, sino sus interpretaciones. Ante este panorama sólo nos resta ocultarnos tras las matemáticas, las ciencias exactas. Lamentablemente nuestra industria depende más de las ciencias sociales, completamente gobernadas por el libre albedrío humano.
 
Las organizaciones empresariales viven imbricadas en la sociedad en las que desarrollan sus actividades, de modo que se ven sometidas a los vaivenes filosóficos e intelectuales que la nutren. El influjo que está teniendo toda la filosofía y el pensamiento 2.0 es enorme, de modo que afecta a todas sus teorías y conceptos. Uno de los conceptos más afectados sea posiblemente el de LÍDER.
 
Desde un punto de vista puramente 2.0 el líder ya no es lo que era. A la tradicional autoridad que concedía el puesto se ha pasado a un entorno es el que el líder ha de ganarse el apelativo día a día, a través de una reputación que va consiguiendo a partir de sus acciones, no de su cargo. Ya no basta con la autoridad posicional, ahora es fundamental bañarse en la auctóritas social que concede la reputación y el saber. Los entornos 2.0 se caracterizan por diseminar el supuesto poder que lleva agregado el líder, de modo que no hay esa entrega de la propia gestión, como sí la hay en organizaciones más jerarquizadas. Julen Iturbe lo explica muy bien.
 
La innovación, ese mantra repetido una y otra vez, no se basa sólo en la introducción de nuevas tecnologías, si no que también aparece como fundamental la aplicación de nuevas formas de gestión. Dentro de este tipo de innovación la redefinición del líder ha de ser una actuación central. El cliente, el viajero, no quiere hablar con líderes, quiere hablar con personas que sean capaces de solventarles sus problemas. Los líderes están dejando de tener las llaves de la gestión  para pasar a tener las de la motivación. En efecto, el líder se ha de vestir de los nuevos ropajes de la colaboración, el conocimiento y la motivación y abandonar los uniformes de general. El “ordeno y mando” es un ejemplo de fracaso de gestión.
 
Dice Peter Senge, “¿no es extraño que basemos el éxito de una organización en el liderazgo de la alta dirección al mismo tiempo que propugnamos culturas organizativas menos jerárquicas y autoritarias?”. Este tipo de cuestiones reflejan la paradoja de vivir en una época de cambios, de crisis, cuando lo nuevo todavía no se ha asentado y lo viejo no termina de irse.
 
Debemos asumir, sin embargo, la existencia de los líderes. Siempre va a haber personas capaces de iniciar proyectos y otras que prefieran dejarse guiar, va en la naturaleza humana. También se ve en las redes y en los entorno 2.0. Sin embargo este tipo de liderazgo no es un liderazgo integral, nadie lo es por designación, sino que lo es de forma fraccionada, dependiendo del proyecto o la acción a realizar o desarrollar. De ese modo estos entornos otorgan el liderazgo a la persona más adecuada. De todos modos los líderes deberían asumir que ya nada es igual.
 
Sería interesante, por ejemplo, que interiorizaran el concepto de equifinalidad, del biólogo austriaco Ludwig von Bertalanffy. Según este concepto es posible, en un sistema abierto, llegar a un mismo fin desde distintas premisas y mediante distintos caminos. Si trasladamos esto a la gestión turística comprobaremos que la voluntad del viajero es encontrar sistemas abiertos que se adapten a sus necesidades. Esos sistemas han de tener una gestión descentralizada y abierta, de modo que cada trabajador sea capaz de gestionar su momento de la verdad con el cliente, asumiendo sus propias limitaciones y tratando de llegar a los mismos resultados, la satisfacción del cliente, por caminos propios. Se trata de comprender, en suma, que la existencia de un único líder limita las posibilidades de gestión del trabajador de ese momento de la verdad a un único modo, el marcado por el líder y una relación de causa y efecto que limita las opciones de respuesta. En cambio la asunción de la equifinalidad supone la aceptación de la existencia de varios líderes que son capaces de gestionar y tomar decisiones de forma autónoma.
 
El líder ha de estar estrechamente unido al conocimiento. Éste es el verdadero hecho diferencial de una organización. Y ya no sólo se trata del conocimiento del líder, sino de la capacidad de éste de captar y reconocer conocimiento dentro de la empresa, sólo así podrá dinamizar la gestión y avanzar hacia la innovación y la mejora continua.
 
Hay además otra cuestión que supone una paradoja. Si cada vez es más obvio que integramos incluso al cliente en nuestras estrategias de gestión, ¿cómo va a aceptar este cliente o cualquier otro colaborador externo un líder con una concepción tradicional? Los clientes son capaces de aportar conocimiento a las empresas, pero no están dispuestos a entregarle parte de su libertad. El líder ha de entender que ha de iniciar una nueva forma de gestión en la que la integración de elementos internos y externos sea natural y donde el poder se distribuya. Porque en el fondo ¿implica el liderazgo poder? ¿Y si es así, qué tipo de poder?
 
Damos por hecho que el líder de una empresa tiene la capacidad de gobernar sobre parte de nuestras vidas. Nos limitamos a entregar parte de nosotros a cambio de la seguridad de implica la ausencia de responsabilidad. Toda para el líder. Pero debemos redefinir la responsabilidad y aceptar que ese líder no ha de asumir todo el poder, sino que gran parte de su cometido está en impulsar, inspirar, motivar o distribuir. El líder sigue siendo líder porque es capaz de fragmentar su poder.
 
Llegamos a un punto en el que también el líder ha de asumir que se encuentra en un entorno nuevo, de colaboración, donde ni la razón ni el conocimiento ni el poder le pertenecen. Un entorno donde las organizaciones han dejado de ser pirámides corporativas para convertirse en redes de colaboración.
 
Juan Sobejano (juan.sobejano@hosteltur.com)
 
 
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K4rib25/05/2009 19:05:00

Apreciado Juan

En realidad le pido disculpas, en ningún momento he querido ofenderle como persona porque, entre otras cosas, tampoco le conozco, excepto por lo que leo en sus artículos, algunos créame, muy interesantes. Y así lo conociera, eso tampoco me daría ningún derecho de ofenderle.

Eso es una cosa, la otra es muy diferente. Cuando usted escribe para el público - no hay acceso restringido en el sitio - se expone a opiniones, incluso, a las que no utilizan un lenguaje "adecuado"; además su sitio solicita "comentarios" y es una forma - gratis - de yo colaborar.

Reconozco que podría ser un poco más diplomático y no debería utilizar "ciertas" palabras, pero tampoco hay ninguna advertencia que me exija ser diplomático; además ¿qué hay de "malo" en ellas? ¿Y qué tal si son las precisas para ser suficientemente claros?

Más bien le invito a lo siguiente; debatamos las ideas y si yo digo una locura, por favor, ayúdeme diciéndomelo lo más directo que usted pueda, sin diplomacia y sin tapujos, así puedo yo crecer. Si me llega a doler, yo voy a entender que mis ideas están siendo atacadas más no yo.

Y si mis ideas no aguantan el ataque, tendré que cambiarlas, pero si resisten dicho ataque deberé darme por satisfecho. Y por favor, no es un reto, es una invitación a concentrarnos en lo importante; compartir la manera de enfrentar problemas que nos son comunes; debatir es más fácil que hacer empresa, seguro que si.

Por lo demás, reconozco que no necesito ser extremo ni mencionar nombres, eso es un error, pero me gusta mucho la claridad ¿Qué hay de malo en ello?

De nuevo, le pido que me disculpe si lo ofendí, no fue mi intensión. Y claro, me gustaría compartir algunos puntos directamente, por qué no?

P.D. No creo necesario el exilio ni el auto-exilio ¿verdad?

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K4rib25/05/2009 16:05:00

Me parece poco conveniente volverse loco. Al loco poco le importan los hechos, él hace su propia interpretación de la realidad y eso en los negocios es muy peligroso, sobre todo ahora. Me parece que eso del postmodernismo, del tal filosofo, tienen muy confundido a nuestro amigo Juan.
Si hay crisis yo no puedo hacer una interpretación y "creer" que lo que está sucediendo es lo que yo creo. No, una crisis es una crisis y si soy lo suficientemente listo haré algo para superarla; si no es así, mi negocio se va a pique, simple mi querido amigo.
Y entre más loco yo esté dándole "interpretaciones" y no soluciones a los problemas que me plantea la realidad, más estoy ayudando a mi competencia y más perjudico mi negocio y mi bolsillo, porque más pronto quebraré, elemental mi querido amigo.
Respecto al liderazgo, bueno, mi confusión también es grande. Miren nada más éste blog: el señor Juan escribe "sus" ideas asumiendo la condición de "Macho Alfa" ante los lectores (la manada) - claro, él a su vez sigue a otros machos alfa de otros blog, libros, etc. -.
Ahora bien, dentro del grupo de lectores algunos miembros de la manada asumen como cierto, bueno, deseable lo que el macho alfa dice. Otros tratan de dar su propia opinión y otros, como en mi caso, sencillamente desafían al macho alfa directamente.
El liderazgo es una condición natural de algunas especies, sobre todo la nuestra. Lo que pasa es que antes ese liderazgo era muy reducido, no había espacio para muchos lideres; tampoco eran necesarios varios, unos pocos bastaban.
Ahora bien, lo que ha cambiado es que las condiciones favorecen ese diminuto líder que todos llevamos dentro, el que se pone al servicio de la especie cuando se ha necesitado, creando héroes. Eso quiere decir que antes era líder el miembro de la manada más fuerte porque las condiciones eran muy exigentes.
Hoy, con el desarrollo tecnológico, la globalización, etc., el ser humano se encuentra sólo frente a si mismo definiendo su propio destino y con el garrote a un clic de distancia.
Ya no hay que derrotar la naturaleza ni conquistar lo desconocido, tampoco se necesitan cualidades especiales. Antes sólo algunos podían coger el pesado garrote para hacer frente a la adversidad; hoy, cualquiera lo puede hacer, porque el garrote positivo del conocimiento, de la información están disponibles para el que pueda, y literalmente cualquiera puede, sólo si se da el permiso de dejar la ignorancia, la cobardía, la avaricia, la inmoralidad...
Así las cosas, los poco cientos de machos alfa que deciden el destino de la humanidad se vuelven cada vez más irrelevantes y hasta perjudiciales para la especie. Mientras, al mismo tiempo, el liderazgo crece como espuma y cada quien puede ser el héroe de su propia tribu y de muchas tribus en cualquier momento.
En algunas generaciones deberá haber un nuevo tipo de liderazgo, diferente al que hasta ahora condujo nuestros destinos, pero por el momento es nuestra responsabilidad, para con nosotros mismos y para con los nuestros ejercer nuestro liderazgo, dando solución a los problemas que nos plantea la realidad, sin hacer "interpretaciones" que por lo general suelen ser estúpidas, y si más bien, haciendo análisis serios, responsables, maduros, y dando respuestas inteligentes a los problemas; es la mejor manera de proteger y hacer avanzar la tribu que cada quien tiene que liderar.
Y por favor, dejen de echarle la carga del cambio al de abajo. Eso de que cada quien debe ser un líder, en su puesto de trabajo y frente al cliente, es tan ridículo e inmoral que no vale la pena comentarlo. Cuando ese trabajador también sea socio, y el socio también sea trabajador se puede hablar de liderazgo compartido porque se comparten las ganancias. Pero por el momento, si yo soy el dueño, yo soy el responsable y no voy a pretender que otro me resuelva mis problemas compartiéndole mi liderazgo porque soy un incapaz, para después, volver a quitarle ese liderazgo; Esos tiempos de la trampa y la mentira pertenecen a un modelo de negocios que lo único que hace es generar crisis; la gente ya no es tan estúpida como parece, o si lo es, despiertan más rápidamente y eso se vuelve contra ti. Por ahí no es el asunto. Transparencia amigos, transparencia, no hay muchos secretos del triunfo y ese es uno.
Ahora bien, lo cierto es que ejercer ese liderazgo exige una buena dosis de inteligencia y esa es la que más le falta a la mayoría de "lideres" actuales. Hasta ahora liderazgo era lo mismo que dar órdenes, la manada obedecía. Ahora no, el que da órdenes tiene muchos problemas porque hay un ser que se somete - por el sueldo - pero su espíritu es libre, y créeme, va a hacer lo menos posible, de la peor manera posible, es decir, lo que le da SU gana, no la tuya ¿está claro?
Muy diferente a crear equipos, donde se necesita un liderazgo fuerte y que cada miembro del equipo cumpla un papel específico, lo que exige que cada jugador tenga determinadas cualidades. Pero exige entrega y fidelidad, y eso, mi estimado líder, hay que comprarlo, eso cuesta; además, dime qué equipo tienes y te diré que empresario eres.
El equipo exige un verdadero líder, si no es así, no lo seguirá, y a su vez, dentro del equipo debe haber lideres. Y como en todo, el que tenga el mejor equipo gana, el que no, pierde, simple.

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Juan Sobejano25/05/2009 17:05:00

Estimado K4rib.

Créame que me gustaría referirme a usted por su nombre, pero si prefiere utilizar un nombre supuesto está usted en su derecho.

Su comentario es largo y, en ocasiones duro, casi diría que ofensivo. No voy a entrar en descalificaciones personales porque no es mi estilo y, sinceramente, creo que define más al que insulta que al insultado. Por tanto permítame que comente, con el mayor respeto, algunas de sus afirmaciones.

Me parece un poco excesivo por su parte insinuar una cierta locura de este que escribe. Es cierto que suelo leer extraños libros de extraños personajes y que me producen extrañas ideas, pero le prometo que nunca me habían dicho que la lectura de textos de filosofía me podían confundir. Dinio dice que eso lo hace la noche.

No me considero en absoluto loco, y perdone que le lleve la contraria. Desde luego todo lo que digo en este artículo y escribo en otros suele fundamentarse en teorías, no ortodoxas, si usted quiere, pero aceptadas por bastantes expertos y estudiosos de la materia. Le recomiendo que lea los libros de Edward de Bono sobre el pensamiento lateral, de verdad son muy interesantes, o el blog de Julen Iturbe que enlazo en el artículo, también muy esclarecedor. Son lecturas que le abrirán la mente.

Lo que sí tengo claro es que no pretendo comportarme como un macho alfa y tener una ristra de seguidores detrás, es más, si usted ha leído otros artículos míos, cosa que sé que hace, habrá comprobado que no me gusta ese tipo de actitudes. Pero si me permite le hago notar que parece (y digo parece) que usted sí pretende ocupar un lugar de macho alfa, y me remito a sus palabras: "dentro del grupo de lectores algunos miembros de la manada asumen como cierto, bueno, deseable lo que el macho alfa dice. Otros tratan de dar su propia opinión y otros, como en mi caso, sencillamente desafían al macho alfa directamente". ¿Deduzco que pretende usted ocupar ese puesto de macho alfa que erroneamente me atribuye? Si es así le aconsejo que busque en otra manada, en esta no hay jefes.

Pero sigamos si me permite. No voy a discutirle su teoría sobre el liderazgo. Una de las mayores ventajas de permitir las opiniones de los lectores es el constante feedback que genera. Yo, personalmente yo, no me siento poseedor de la verdad absoluta e incluso dudo en ocasiones de mi verdad relativa. Por eso agradezco mucho las opiniones de los lectores, sinceramente creo que mejoran el artículo y llegan donde el autor del mismo no puede. Por eso, repito, no le voy a discutir su teoría sobre el liderazgo, me parece tan respetable como la mia, aunque no esté de acuerdo con ella. Y no por esto considero que sea usted un macho alfa, un loco, un carca o una hembra gamma, sencillamente tiene una opinión diferente.

Con todo lo dicho quisiera poner fin a mi respuesta a su comentario, en la que he querido defenderme ante alusiones absolutamente personales y no entrar en más valoraciones. Nunca respondo a los comentarios de mis artículos porque creo que este es el espacio de los lectores, pero en esta ocasión me he visto obligado a hacerlo, y espero que por pura educación sea la última.

Y si me permite una última cosa. He podido comprobar que es usted muy activo en este espacio de Turismo 2.0 y que ha comentado muchos de mis artículos. Se lo agradezco sinceramente. Al menos sé que si no le gustan mis artículos sí al menos le estimulan intelectualmente. Con eso me doy por satisfecho.

Un cordial saludo.

Juan Sobejano

PD. Creame que me gustaría poder mantener un debate sincero con usted a nivel personal. Tiene mi email. Usted decide.

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