El sector turístico y vinícola aún no han encontrado una estrategia común para desarrollar el enoturismo

La segunda edición del Congreso Internacional de Turismo Enológico, celebrado recientemente en Barbastro, ha sido el motor de numerosos debates sobre el presente y el futuro del enoturismo. De él se extraen diversas conclusiones sobre lo que se está haciendo bien y  lo que queda para lograr un fuerte impulso en este segmento.

Durante las ponencias se han identificado los mismos problemas que se encontraron las  iniciativas pioneras  de turismo enológico y que el gran desarrollo de este segmento no ha conseguido erradicar.

Los organizadores destacan una preocupante falta de imaginación, esto es, de falta de iniciativas privadas en el desarrollo de productos turísticos novedosos.

Otro error todavía persistente es la consideración del enoturismo por parte de las bodegas como un arma efectiva para la rotación de productos frente a su verdadera virtud, que no es otra que la seducción y fidelización del cliente. Esto suele provocar desilusión y pérdida de confianza en las bondades del turismo enológico, que precisamente constituye un elemento complementario a la comercialización de sus productos.

En este sentido, Alicia Estrada –miembro de la Comunidad Hosteltur- ha escrito un post en el que coincide y explica que “el sector vitivinícola  parece que continúa sin creer demasiado en el enoturismo. No hay un convencimiento real de sus posibilidades y tras las inversiones en adaptar la bodega, promoción, etc. muchos profesionales del sector vitivinícola se están desanimando, al no ver los resultados esperados. La limitada presencia de bodegueros en el congreso puede ser también un síntoma de este desánimo”.

Por otra parte, Estrada asegura que el Congreso reflejó la distancia que existe entre el sector vitivinícola y el sector turístico y las grandes dificultades para el diálogo.

Falta de organización

Otra de las conclusiones ha resaltado la falta de uniformidad de la oferta y la duplicidad de esfuerzos, con muchas iniciativas públicas y privadas copiadas, que en lugar de buscar la diferenciación se contentan en replicar modelos en ocasiones válidos para otros territorios, pero que no necesariamente sirven para el propio.

Así, los distintos modelos territoriales analizados en el Congreso (Valle de Loira, Portugal, Franconia…) demuestran los matices diferenciadores regionales que rodean a los elementos comunes a la práctica enoturística.

Caldos y 2.0

El consumidor y el producto adquieren nuevos protagonismos y son las nuevas tecnologías las que les permiten llegar hasta rincones antes impensables. Es el caso, por ejemplo, de Gastronomicum 2.0, red social de gastronomía cuyos responsables han protagonizado una de las ponencias en las que han explicado cómo el cliente o el usuario de las nuevas realidades virtuales dista mucho del que existía hace unos años.

La comunicación, el mensaje y la necesidad de ahondar en la capacidad de convencer son vitales, como lo es el fomento de una doble vía de comunicación, donde exista una capacidad de respuesta inmediata y real por parte de los usuarios de los productos enoturísticos.

Conocer al cliente


Paz Risueño, otro miembro activo de la Comunidad Hosteltur también ha desarrollado sus conclusiones.  Con respecto a la ponencia “Algunos datos de la situación de Turismo Enológico en la Rioja” –comunidad de referencia del turismo enológico- Risueño señala que La Rioja, no busca hacer del Turismo Enológico un producto de élite, sino contribuir con él a la estabilidad familiar local.

Asimismo, respecto a las cifras de enoturismo en La Rioja, Risueño señala que el 86% muestra interés en repetir su visita y sólo el 16% tuvieron el vino como motivación para escoger la comunidad como destino.

Tampoco es un turismo de élite, los consumidores se encuentran entre los 40 y 50 años, el nivel de ingresos medio de entre 1000 y 2000 euros; la mayoría viaja en pareja y hay un alto porcentaje que no es turista sino excursionista (34%).

Frente a estas cifras la bloggera de HOSTELTUR se hace una serie de preguntas: “¿Estamos cargando excesivamente las tintas en el Enoturismo respecto a otros productos, por ejemplo, el Cultural?; ¿Pecamos poniendo esos calificativos de “eno” “cultural”?; ¿Estamos llegando al techo del producto “Enoturismo”?; ¿Tenemos realmente una estrategia de “Enoturismo”?

“En cualquier caso - concluye Risueño- y como respuesta común, no tenemos estrategias: hemos de crearlas y diversificarlas. La específica al Turismo del Vino: crear feedback real a partir de las ventas: la venta genera turismo pero no siempre el turismo genera venta”.

Noelia Cedrés (actualidad@hosteltur.com)
 
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