Reflexiones en torno a la sociedad del conocimiento

Desde que Peter Drucker  hablara de la sociedad del conocimiento allá por 1969, muchos trabajos y estudiosos han tratado de ella para definirla, redefinirla y matizarla. En sí el término es un tanto confuso, porque da por hecho la capacidad de un ser abstracto, la sociedad, a realizar un proceso complejo y cuyo resultado no es estático, el conocimiento.

El conocimiento es en sí el resultado del análisis de la información obtenida teniendo además en cuenta su contextualización y las relaciones lógicas que han tenido lugar antes de nuestro análisis, supone en suma un tratamiento de la información temporal. En este sentido es dudoso que nos encontremos en un entorno de conocimiento.
 
Sí podríamos hablar de una sociedad de la información, de un contexto en el que ha aumentado la facilidad para acceder a datos y opiniones y, por supuesto, la posibilidad de procesar ese material. De todos modos se suele utilizar esa expresión, Sociedad del Conocimiento, para nombrar el momento en el que nos encontramos. Y es un momento de luces y sombras, como todos los periodos de cambios.
 
La profusión de datos, opiniones e información está generando un estado de ansiedad que lleva en muchos casos a evitar los análisis profundos, quedándonos en observaciones superficiales. Esto es debido por un lado a que tratamos de obtener y acaparar un mayor volumen de información, información a la que accedemos por múltiples canales y que, es obvio, no podemos controlar en su totalidad. Pero por otro lado la cantidad de información que si captamos es tal que dificulta su tratamiento y proceso, de modo que no somos capaces de construir reflexiones teóricas que utilicen todos los datos a los que accedemos.
 
Estamos envueltos en muchos casos en un entorno de pensamiento y reflexión superficial, apoyadas en herramientas sofistas, y más cercanos a buscar el convencimiento (y autoconvencimiento) que la verdad.
 
Se aprecia además una serie de características propias de esta sociedad llamada de la información que la definen como una sociedad en la que las jerarquías han sido alteradas. Como dice Julen Iturbe, “es líder y referente social quien sabe. Las personas con poder formal van a ser cuestionadas si no lo acompañan con demostraciones empíricas de que saben. El conocimiento, como interacción de pensamiento, emoción y acción, no sabe de distancias basadas en jerarquía y burocracia”.
 
Esto lo escribe Iturbe en su blog como parte de una reflexión sobre la sociedad del conocimiento. Para Iturbe la sociedad del conocimiento agobia, es lo que hemos llamado la ansiedad de la información, el estrés de la sobreexposición a los datos.
 
Pero es que además discrimina, ha introducido un nuevo baremo de segmentación social entre los que tienen información y los que no. Y es que los que tengan información pueden llegar al conocimiento, aunque luego no lo hagan.
 
Genera además este nuevo entorno una cierta variedad de inteligencias. A la académica se le unen la emocional y la social, como herramientas imprescindibles para circular por entornos sociales. Y se exigen para pertenecer a ese segmento elitista que es capaz de dirigir su comunidad.
 
El matiz no vive en la sociedad del conocimiento, aquél se refugia en entornos muy concretos (poesía, ficción) dejando que los datos desnudos triunfen en un entorno de acumulación y, por lo tanto, de rápida selección.
 
Estamos por tanto en un entorno difícil de dominar y comprender, a pesar de la cantidad de información de que disponemos, esa es la paradoja. Un entorno en el que las identidades se construyen y, por tanto, se falsean, los datos circulan sin límites, con lo que eso tiene de bueno y de malo. Un entorno, en suma, en el que hemos acoplado nuestra particularidad en un proyecto global que minimiza el poder de la diferencia y homogeniza no ya sólo al ser humano, sino a las sociedades que forma.
 
Pero es también un entorno en el que el conocimiento está más cerca, la socialización se ha multiplicado y el ser humano tiene un potencial de desarrollo intelectual mucho mayor.
 
En este entorno se crean los mercados y se desarrollan las sociedades, mercados y sociedades donde las empresas han de identificar su segmento, donde sus mensajes se diluyen entre el mucho ruido que genera y donde las necesidades cambian y la competencia aumenta.
 
Juan Sobejano (juan.sobejano@hosteltur.com)
 
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Comentarios 1

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Oriol Miralbell2/04/2009 11:04:00

Un gran teorico de la sociedad del concimiento, el más importante en España y un referente mundial es Manuel Castells, profesor de la UOC quién ha dicho al respecto: "Se trata de un código para hablar de una transformación sociotecnológica, puesto que todas las sociedades son "del conocimiento". Y en todas las sociedades históricamente conocidas, la información y el conocimiento han sido absolutamente decisivas: en el poder, en la riqueza, en la organización social… En este sentido, parece un poco confuso hablar sólo ahora de "la sociedad del conocimiento". ¿Venimos de realidades sociales del desconocimiento? Eso sería pretender que hemos llegado al súmmum del conocimiento. Por ello, creo que debemos tomar el concepto "sociedad del conocimiento" desde un punto de vista menos terminológico, como algo más general sobre lo que se conforma conceptualmente nuestra realidad."
Resulta interesante destacar la afirmación de que "que todas las sociedades son "del conocimiento"". Somos seres sociales y la comunicación de información froma parte de nuestro código genético.
Lo que hace nuestra sociedad actual diferente, es que el conocimiento se ha convertido, coimo dice Juan en su artículo, en instrumento de poder.
Sin embargo, Castells va un paso más adelante y propone la "sociedad red", que es la que genera conocimiento a partir de la interacción de organizaciones y personas. Donde el conocimiento se construye a partir de redes de ideas y conceptos cuyo aislamiento supondría su muerte, porqué su ciclo de vida es tan corto, que sólo pueden sobrevivir relacionándose y estableciendo vínculos que las complete.
Este proceso, estudiado en las redes neuronales, reproduce, en cierto modo, el funcionamiento de nuestro pensamiento en el cerebro y por ello, supone que la nuestra es una sociedad (la sociedad red) que ha entrado en un ciclo histórico totalmente revolucionario y nuevo.
La angustia que esta situación de bombardeo informativo a la que alude Juan no es mas que el resultado de la consciencia que las personas tenemos de la nueva condición de miembros de una sociedad red, donde el conocimiento determina mucho de nuestro estatus y de nuestra identidad individual, sometidoa constantemente al escrutinio de nuestras redes.
Podría extenderme mucho más, pero sólo deseaba poner un acento optimista, pero reflexivo a la vez sobre lo que estamos viviendo.
Gracias Juan por iniciar siempre temas tan candentes y con una capacidad de ilustración tan ejemplarizante. Gracias a HOSTELTUR por permitirnos que leamos los artículos de Juan.

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