No molesten a los turistas

Un post de Ramón Adillón Sastre, en Economía

08 de Abril del 2018

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Recientemente he participado en un acalorado debate en una conocida red social que se originó a raíz del anuncio de una manifestación convocada para protestar por la llegada al puerto de Palma de Mallorca del crucero más grande del mundo.

En dicho debate hubo numerosísimas intervenciones que, o bien defendían el crecimiento (aún todavía más si cabe, de la actividad turística en las Islas Baleares), o bien proponían una reducción de dicha actividad. Sin embargo, constaté que la gran mayoría de ellas se situaban en los extremos de la ecuación: o crecimiento a toda costa, sin importar las consecuencias, o vuelta al pasado, antes del boom turístico, para disfrutar de las bondades de las islas...sin turismo. Unos y otros exponían los horribles resultados que generarían los escenarios que defendían la parte contraria.

Yo personalmente creo que no hay que ser tan extremistas, que no se trata de elegir una u otra alternativa, que se puede encontrar un termino medio entre desarrollo turístico y sostenibilidad.

También creo, estoy convencido de ello, que no podemos seguir creciendo ilimitadamente, y que tan peligroso es para la economía (en este caso de Baleares, pero es escalable a nivel país) un exceso de turistas como una falta de los mismos.

Soy un defensor del turismo, por supuesto, pero es necesario que éste sea gestionado de una manera sostenible, para poder preservar esta actividad por muchos años, y para que los destinos no mueran de éxito, es decir, que atraigan a tantos visitantes que esa masificación provoque los tres impactos negativos más letales que se pueden producir:

- una experiencia turística negativa

- que perjudique notablemente la calidad de vida de la población residente

- que esa actividad excesiva destruya los recursos que atraían a los visitantes

En algunos destinos ya se están tomando medidas en este sentido, como cierre de playas.

Pero, sobre todo, lo que no hay que hacer nunca bajo ningún concepto es molestar al turista. Puedo llegar a entender el sentimiento de reachazo a un exceso de turismo, pero las manifestaciones en contra de los turistas son muy nocivas y perjudican la imagen exterior del destino. En su lugar, lo que yo creo que se debe o se puede hacer, es protestar ante las instituciones responsables de la gestión turística, para manifestar que se está en contra del modelo turístico, y actuar de manera activa en este sentido y colaborar con los partidos políticos a elaborar propuestas de un modelo turístico alternativo, respuetuoso con el medio y que defienda la sostenibilidad en sus tres vertientes: social, económica y medioambiental.

Tal vez sea un poco pesimista en este aspecto...pero dudo mucho que estas dos visiones tan distantes lleguen a ponerse de acuerdo, o tal vez cuando lo hagan sea demasiado tarde. Mientras tanto, los gobiernos, en mi opinión, muchas veces implantan medidas cortoplacistas y que les pueden aportar réditos políticos en lugar de pensar en el largo plazo.

¿Qué opináis al respecto?,

¿Sois más optimistas que yo?

Comentarios 2

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Pedro Marco Hernández 9/04/2018 9:04:07

Pues mi opinión, como defensor del turismo, es que los destinos turísticos necesitamos esta actividad económica para mantener la población. Evidentemente, es indiscutible que hay que buscar un desarrollo sostenible, ya no solo económico, sino también desde el punto de vista medio ambiental así como social (la estacionalidad de la mayoría de destinos, supone en la práctica una elevada temporalidad en la contratación, lo que impide la atracción / retención del talento). Ahora bien, ¿Cómo hacerlo? Bajo mi punto de vista, es una responsabilidad compartida. Esto no se soluciona solo con leyes (regulaciones), o con la promoción / inversión (para impulsar una estrategia de desestacionalización) pública, sino también con sector empresarial más especializado. La falta de profesionalidad de muchos empresarios ha llevado a desarrollar proyectos muy ambiciosos, con importantísimas inversiones que conseguían todos los apoyos y aplausos públicos, pero con un total y absoluto desconocimiento del sector, provocando casos de "burbujas" (exceso de oferta) que han llevado a acentuar la estacionalidad de muchos destinos. Pero lamentablemente, bajo mi punto de vista, estamos muy lejos de alcanzar ni la correcta actuación del sector público (con vista cortoplacista y sin una visión de futuro de un destino turístico), ni la de la iniciativa privada, ... con honrosas excepciones. Bajo mi punto de vista, debería alcanzarse un debate en cada destino turístico y ponerse de acuerdo en un PLAN DE DESARROLLO TURISTICO. Un PLAN que contuviera unos objetivos, indicadores, y una forma de medirlos, que permitiera ver si se consiguen las metas buscadas con las iniciativas planteadas. Pero tanto políticos, como empresarios están demasiado centrados en sus proyectos individuales, como para tener esta visión de DESTINO TURISTICO. Con honrosas excepciones, .... desconozco como se han planteado el Plan de la Playa de Palma, u otros proyectos similares, pero suena bien eso de cerrar acuerdos de reconversión de destinos maduros, yendo de la mano administraciones y empresas. Desde otros destinos turísticos esperamos ansiosamente que ese tipo de planificación a medio / largo plazo funcione bien y se vaya trasladando poco a poco al resto de destinos turísticos españoles.

Rubén Arnandis 10/04/2018 14:04:27

Qué agusto te has quedado Pedro. Y cuanta razón tienes. Demasiadas décadas planificando el turismo solo como actividad económica (de ahí que la política turística sea en esencia política económica) para ahora, después de la gran sobreoferta de alojamiento y restauración fundamentalmente, querer planificar lo implanificable (si quieren seguir haciéndolo desde la misma perspectiva). Tras la entrada de la democracia en este país, y la aceptación de una estructura obsoleta de muy mala calidad edificatoria, muchos destinos (a través de los programas de reconversión turística) fueron adaptándose a los nuevos parámetros del mercado, sin entender que el atractivo no está en el alojamiento o en las infraestruturas, sin en los recursos. Y se pusieron como locos a hacer parques temáticos, campos de golf, museos etnográficos, palacios de congresos,,... todo recursos artificiales fácilmente replicables en cualquier territorio y, por lo tanto, sin ninguna capacidad de diferenciación. Y ahí seguimos. Entender el turismo, como actividad, requiere mucho más que la simple mirada de lo que puede reportar al empresariado y a la política. Llevamos demasiados años sabiendo que el turismo mal planificado genera unos impactos al largo plazo que son muy complejos de redirigir. Y el ejemplo más claro lo estamos viviendo ya en las voces de muchas sociedades de acogida que ya no pueden más (y el medio ambiente porque no puede quejarse, que si pudiera...). Así que, aprendida la lección (por ensayo - error) de que toda política turística implica, inexorablemente, integrar sociedad - territorio - economía en cualquier estrategia, además de aceptar que todos los territorios no pueden ser turísticos, es esencial medir los resultados (que ya está bien de que la administración ponga la pasta de todos como si esto fuera un saco sin fondo). Por ello ¿cuándo comenzamos a afrontar que para ganar hay que saber perder? Perder oferta (reducir el nº de plazas), perder conexiones aéreas (seleccionar qué mercados emisores son realmente los que aportan al destino), perder clientela (reducir las acciones de marqueting al público generalista que solo masifica temporalmente el destino y dirigir las acciones a quien más interese en función de lo que tengamos como atractivo). El primer destino que consiga entender,planificar y reequilibrar adecuadamente estos temas, y mirar en el largo plazo, será el que obtendrá resultados más sostenibles, y no solo económicos. Y una matización: si muchos territorios han tardado 25 o 30 años en llegar a esta situación, que no prentedan ahora solucionarlo en uno.

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