La gestión del patrimonio cultural para el desarrollo turístico sustentable

Un post de Yadur González, en Economía

16 de Abril del 2018

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Expediciones Sierra Norte de Oaxaca (México)

El ritmo creciente de la modernización, así como los importantes avances de las comunicaciones y la tecnología, han orillado a la sociedad en general a reafirmar su identidad por una cuestión de seguridad cultural, por lo que la reflexión sobre la importancia del patrimonio cultural esta vez aparece desde otra perspectiva.

En la actualidad el patrimonio cultural se encuentra frente a importantes desafíos para su debida gestión. Fenómenos como las desigualdades económicas, las urbanizaciones masivas o la globalización, dan oportunidad para pensar en una gestión distinta a la tradicional que usualmente le daba un tratamiento de conservación sin tomar en cuenta el beneficio de las comunidades más allá de lo cultural. Para empezar a tomar medidas desde esta nueva perspectiva en primer lugar habría que definir qué es significativo y qué no lo es en el entorno en donde están situadas las manifestaciones culturales a gestionar. El reconocimiento del medio ambiente en esta definición desvela a la vez una serie de amenazas, así como de oportunidades, en el sentido económico, social y ambiental que pueden afectar el lugar mismo del patrimonio y su significado, ya que los lugares del patrimonio dependen de su entorno y viceversa. En este sentido los parámetros a considerar para definir el área física del repertorio patrimonial tendrán que ver más bien tanto con los valores de bien en sí como de su Valor Universal Excepcional (VUE), pero igualmente habría que tomar en cuenta amenazas como el desarrollo de la construcción, el cambio climático y el impacto del vandalismo, entre otros factores.

La estimación del patrimonio mantenía hasta hace unas décadas una visión proverbial pues se consideraba únicamente como parte de los recursos ambientales y culturales a proteger y transmitir a generaciones futuras. No obstante, su gestión actualmente empieza a ser vista como una contribución a las dimensiones ambientales, sociales y económicas del desarrollo sustentable. Mientras en el pasado el propósito que lo regía era de tipo vertical organizado por programas tecnocráticos desde diferentes niveles de gobierno y centrada en el valor del mismo bien, el nuevo paradigma propone un comportamiento distinto: sí la planificación para la conservación, pero ahora con la participación de la comunidad en un contexto físico y social más amplio que garantice a la vez un desarrollo turístico sustentable para lograr un crecimiento económico en el entorno, equidad social, políticas inclusivas, un sistema eficaz de gobernanza y la protección del medio ambiente.

Este enfoque participativo permite invertir en la relación del patrimonio con la sociedad, ya que la comunidad tiene la oportunidad de compilar información haciendo estudios de profundidad con motivos culturales y científicos, formulando al mismo tiempo una declaración de significación a través de los conocimientos locales, involucrando a otras voces interesadas e incluyendo nuevos actores –y no sólo estudiosos o especialistas del tema– lo que conduce a obtener nuevos aportes a los valores materiales e inmateriales del bien patrimonial y a emplear políticas a plazos más largos, ofreciendo de este modo nuevos usos socioeconómicos que se traducen en vínculos estrechos con la comunidad. Por otra parte este mismo enfoque permite ver que la gestión del patrimonio cultural puede y debe ser compatible con las diferentes actividades económicas del entorno en donde está situado, ofreciendo con ello valores culturales más dinámicos, la promoción de la diversidad cultural y una fehaciente protección del medio ambiente.

Desde este presupuesto la gestión del patrimonio cultural debe entonces garantizar el progreso responsable del medio ambiente en donde están situado los bienes, sean materiales o inmateriales, razón por la cual el emprendimiento, la innovación y el fortalecimiento del desarrollo turístico tendrán que ser pensados en términos del bienestar común, por lo que los profesionales del turismo –algunos de los cuales se están formando actualmente en la Escuela de Turismo Ostelea- deberán reflexionar sobre las múltiples vinculaciones entre el patrimonio cultural y las dimensiones de orden económico, social y ambiental en un sentido más amplio para un decisivo desarrollo sustentable.

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