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Un análisis de Esther Mascaró

Brexit: ni susto ni muerte, ¿y ahora qué?

Bruselas pide un consenso entre conservadores y laboristas 20 enero, 2019
  • La derrota de May en el Parlamento británico aboca al Gobierno a un problema de falta de legitimidad, aunque los laboristas no están mejor
  • Bruselas está dispuesta a conceder una prórroga siempre que conservadores y laboristas lleguen a un consenso en cuanto a las condiciones
  • Solo los partidarios de un segundo referéndum están contentos con lo ocurrido el martes. Los laboristas piden nuevas elecciones generales

Análisis/ ¿Cuáles son las alternativas que se abren ahora para el Reino Unido, tras los fracasos acumulados hasta hoy por el Brexit de Theresa May? El titular de este artículo, "ni susto ni muerte", no es del todo cierto: Ha habido susto y puede haber muerte, porque más que nunca está dividida la sociedad y también el Parlamento, y el "no" del martes al acuerdo con Bruselas no señala ninguna alternativa viable. Como dijo Theresa May en esa sesión a los comunes, tras conocer el resultado: "La Cámara ha hablado y el Gobierno escucha, pero no han dicho qué quieren, a qué están dispuestos a darle su apoyo". Y es que nadie gana, todos pierden.

Los comunes votaron el martes en contra del "mejor acuerdo posible", según la UE, entre el Reino Unido y Bruselas, y habían votado unos días antes en contra de salir de la Unión sin un acuerdo. La paradoja es considerable, y el enfado de Theresa May tras su sonada derrota -202 votos a favor del acuerdo por 432 en contra, incluidos 100 diputados conservadores- comprensible, porque parece que nadie está buscando una alternativa al acuerdo que ya es historia.

Bruselas está dispuesta a conceder al Reino Unido una prórroga del plazo para la salida de la Unión, que debe producirse el 29 de marzo. Una prórroga que se barajaba como la opción más clara ante una derrota parlamentaria del acuerdo, lo que ha sucedido ya. Sin embargo, la pregunta es: ¿una prórroga para qué? Porque Bruselas cerró ya el tiempo de la negociación y el regateo con Theresa May, y si en el propio Reino Unido no hay consenso sobre cómo ha de salir el país de la Unión, ¿cómo va a ser posible cualquier acuerdo?

Al final ha quedado claro que lo de salirse de la Unión no era algo entre los bitánicos y los europeos, entre "ellos" y "nosotros", como lo plantearon en el referéndum. Al final se ha visto que es un problema solo de los británicos, es una lucha dentro de su propia sociedad y su propia política, y Europa solo es testigo de lo que está sucediendo. El colapso de la política británica que hemos visto esta semana puede que sea un resultado del Brexit, pero el Brexit mismo es la prueba de que algo ha fallado en la política británica desde hace mucho.

¿Un consenso posible?

Por eso Bruselas ha endurecido las condiciones para conceder esa prórroga y exigirá, entre otras cosas, un consenso entre el Gobierno conservador de Theresa May y la oposición laborista. Algo que parece muy lejos a juzgar por lo que pudo escucharse el martes en la Cámara de los Comunes, el duro enfrentamiento dialéctico entre May y el jefe de la oposición, Jeremy Corbyn. El líder laborista quiere forzar unas nuevas elecciones en el Reino Unido, sin embargo, perdió el miércoles la moción de censura que presentó contra la primera ministra. Por su lado, May acusó a Corbyn de trabajar solo pensando en sus intereses personales. El consenso parece muy lejano.

Muchos opinan que el Brexit no merece la pena. EFE.

Y la situación es complicada desde todos los puntos de vista, porque aunque Bruselas concediera a May un nuevo plazo que sirviera para retocar el acuerdo, ¿qué condiciones serían necesarias para que esos 432 diputados apoyaran el nuevo texto? O al menos, la mitad de ellos... la diferencia es abismal y difícilmente superable con retoques al texto ya pactado.

Oportunidad para un segundo referéndum

Visto lo visto, el Gobierno de Theresa May parece escaso de legitimidad, porque la derrota fue apabullante e histórica, aunque la primera ministra dejó claro que no iba a convocar elecciones porque el pueblo había hablado y había mandado salir de la Unión, y eso era lo que ella tenía que hacer... aunque ni ella sepa cómo hacerlo. Pero la oposición laborista tampoco parece bien ubicada para salvar al país de sí mismo.

Sospecho que solo están contentos los partidarios de un segundo referéndum, entre ellos la ministra principal de Escocia Nicola Stugeon -en Escocia ganó el "no"-, ya que lo ocurrido podría acabar abriendo la puerta a esta opción, con la esperanza de que en esta ocasión ganara el permanecer en la Unión Europea.

Responsabilidad histórica

Decía el jueves Lluís Foix en "La Vanguardia", que "Las dos democracias más sólidas y venerables, Gran Bretaña y Estados Unidos, están estancadas en proyectos en retirada, endógenos, proteccionistas, levantando muros o distanciándose de sus aliados políticos y económicos". Y concluía: "El fracaso del Brexit nos afecta a todos porque es un síntoma de las divisiones profundas que sacuden todas las democracias. Si no se vuelven a coser los desgarros producidos hasta ahora será muy problemático recuperar la paz cívica y política en Europa".

Desde fuera, y especialmente desde la Unión Europea, la única alternativa viable parece, o me lo parece a mí, deshacer lo hecho hasta ahora. Volver a la cordura. No sé si con una convocatoria de elecciones, o con un nuevo referéndum, pero en política hay muchos egos, intereses inconfesables, falta de reconocimiento de errores y pocas líneas rectas, y lo más probable es que la madeja se siga enredando hasta no se sabe muy bién dónde. O quizá, quién sabe, May, Corbyn y sus colegas miren atrás a la historia de la democracia en su país, sean conscientes de su responsabilidad y se avergüencen de cómo lo están haciendo y quizá decidan, juntos, cómo quieren salir de la Unión... es posible que les dé, en algún momento, una ráfaga de sentido común. El sentido común que no tuvieron al convocar un referéndum vinculante sobre algo tan complejo y con tan mala información al votante.

Pero hasta hoy, este caso es un claro ejemplo de que el sentido común es, realmente, el menos común de los sentidos.

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