Diario 5638 18.07.2019 | 12:53
Hosteltur: Noticias de turismo
Edición España. Un análisis de Xavier Canalis

Barcelona necesita un pacto

7 marzo, 2019
  • El relato dominante es culpar al turismo de casi todos los males que sufre Barcelona
  • Se culpabiliza sobre todo al turismo de haber agravado el problema de la vivienda en la ciudad
  • Para resolver el problema de la vivienda se necesitan políticas de vivienda, no anti-turísticas

Análisis/ A lo largo de los últimos años, se ha impuesto en Barcelona un relato dominante respecto a la actividad turística que podríamos sintetizar del siguiente modo: el turismo tiene la culpa de casi todos los males que sufre la ciudad. Particularmente, se acusa al turismo de agravar el problema de la vivienda.

En este sentido, la gente en general, los creadores de opinión pública, las asociaciones vecinales, partidos políticos, etc, consideran que la construcción de nuevos hoteles en solares edificables, así como el fenómeno de los apartamentos turísticos contribuyen significativamente al encarecimiento de la vivienda, sea de alquiler o compra.

A su vez, ese encarecimiento de la vivienda acelera el fenómeno de la “gentrificación” o expulsión de los vecinos de los barrios, que serían substituidos por turistas y nuevos residentes con más poder adquisitivo.

Una vez estas ideas han calado a fondo y cuentan con suficiente apoyo, pueden impulsarse medidas como el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), una moratoria hotelera y de apartamentos turísticos que fue aprobada por el pleno del Ayuntamiento de Barcelona en enero de 2017.

Objetivo: los hoteles

El PEUAT responde a “la necesidad de gestionar de manera controlada los alojamientos turísticos para garantizar el derecho a la vivienda, un modelo urbano sostenible y la mejora de la calidad de vida del vecindario”, según sostiene el gobierno municipal.

Ahora bien, ninguna otra ciudad de Europa ha aprobado una moratoria hotelera para garantizar el derecho a la vivienda.

Lo que sí han aprobado otras ciudades son limitaciones respecto al número de días que se puede alquilar una vivienda para usos turísticos. Ver por ejemplo Short-term rental restrictions around the world.

Cabe recordar además que el PEUAT establece una "zona de decrecimiento" en prácticamente todo el centro de la ciudad (Ciutat Vella, la mayoría de L’Eixample, el barrio de Gràcia y el área litoral de Sant Martí). En estas zonas, aunque se cierre un establecimiento no se podrá abrir otro nuevo.

La moratoria hotelera no solo impide la apertura de nuevos hoteles en el centro, también pone trabas al reposicionamiento de establecimientos

Pero al mismo tiempo, el Gremio de Hoteles de Barcelona asegura que el PEUAT "impedirá que se puedan llevar a cabo reformas estructurales" y denuncia que dicha norma provocará la "irremisible decadencia" de la planta hotelera. Ver también La reforma de hoteles en Barcelona, sujeta a las reglas de un nuevo manual.

"Renovar hoteles va a ser difícil debido al PEUAT. Por ejemplo, un hotel en el centro puede encontrarse que para cumplir la nueva normativa deberá reducir el número de habitaciones si quiere reformar su establecimiento", explican desde BRIC Consulting.

Como resultado de todo ello, después de 2019 ya no abrirá ningún nuevo hotel en el centro de la ciudad debido a la moratoria aprobada por el Ayuntamiento y -como consecuencia también de esa misma normativa municipal- habrá más dificultades para reposicionar los establecimientos existentes.

Una imagen del centro de Barcelona.

El foco debería ponerse en las políticas de promoción de la vivienda, no en las políticas dirigidas a reducir la actividad turística

Personalmente, opino que el problema de la vivienda en Barcelona se debería solucionar con políticas de vivienda, no con políticas anti-turismo.

Con todos los recursos e ingresos económicos que Barcelona tiene a su alcance gracias al turismo (14% del PIB local) y a otras actividades económicas, la ciudad podría perfectamente aprobar un ambicioso plan a 20 años vista con el objetivo de aumentar sustancialmente la oferta de vivienda, tanto de alquiler como de compra a precios regulados.

Ese plan a largo plazo requeriría, eso sí, un gran pacto entre los partidos políticos y la sociedad civil, de modo que las inversiones previstas y plazos se ejecutasen en diferentes fases y legislaturas municipales. Gobierne quien gobierne. Los resultados al cabo de 20 años serían evidentes.

En cualquier caso, para llevar a cabo dicho plan de vivienda, Barcelona necesitaría seguir contando con una fuente de ingresos estratégica como es el turismo.

Si optamos por reducir el caudal de esa fuente, la ciudad se secará.

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