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Edición España. Un análisis de Esther Mascaró

Pasaporte sanitario, dudas éticas, vacunas y soberanía: hacia dónde vamos

De cómo la emergencia económica ha encerrado los remilgos éticos en el baúl de la abuela 27 marzo, 2021 Premium

Análisis/ Cuando Grecia, que recibió enseguida el apoyo de España, empezó a solicitar un pasaporte de vacunación europeo para retomar la movilidad internacional de cara al verano, tanto el Reino Unido como la Unión Europea arrugaron la nariz. La idea levantaba muchas dudas éticas y legales, a pesar de que en ningún momento se vio ese pasaporte como un permiso para entrar o no en un país, sino como una herramienta que facilitaba la movilidad porque aportaba datos del pasajero: si había sufrido ya la Covid y por tanto tenía anticuerpos, si se había hecho alguna PCR y su resultado y, finalmente, si estaba vacunado o no. Ahora que el pasaporte de vacunación europeo, llamado "certificado verde digital" parece que va a estar listo en junio, me pregunto dónde han quedado los remilgos éticos y legales, por otro lado, tan lógicos. Y también las dudas científicas sobre la validez o no de esos datos como prueba no ya de inmunidad, sino de imposibilidad de transmitir el virus. También aquí, en este tema, la emergencia económica ha arrasado con los principios.

No pretendo cuestionar aquí la validez ni la conveniencia del pasaporte sanitario, simplemente me parece interesante poner algunas cuestiones sobre la mesa, y que sea el lector el que se posicione... o no.

Porque en este momento hay muchas cosas en juego, y no me refiero a la salud y a la economía, que ya es mucho, sino a cosas que van más allá y que ya apuntábamos en Vacunas, desconfianza y dos modelos sobre la mesa: europeo y anglosajón.

Dos artículos de El Confidencial, aparentemente sobre temas distintos, son dos de las migajas más que añado, como pistas, a un camino incierto por el que estamos transitando. Uno es este Bruselas quiere el 'pasaporte sanitario' en junio, pero puede ser una bomba de relojería, y el otro es este El cambio en el orden mundial: por qué les va bien a EEUU y Reino Unido y a Europa no.

Pasaporte sanitario

En junio quiere la Comisión Europea que entre en vigor el pasaporte sanitario, oficialmente llamado "certificado verde digital", tal y como hemos explicado en Pasaporte de vacunación: tramitación urgente para aprobarlo en junio.

¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses todo el mundo parezca haberse olvidado de las dudas éticas y legales que levantó, en el principio, la propuesta griega? Estamos hablando del mes de enero: España se une a la propuesta griega de crear un certificado de vacunación. Ya en ese momento, el Reino Unido consideraba discriminatorio el pasaporte, mientras Dinamarca y Suecia se mostraban favorables -aunque no como condición de entrada a esos países-, y el WTTC advertía de que sería un error discriminar a los viajeros no vacunados.

Por su parte, EEUU prefería seguir exigiendo test negativos y no aceptaba certificados de vacunación para entrar al país, porque no estaba claro -ni lo está- que estar vacunado implique que no se puede transmitir el virus. En el mismo mes de enero la UE descartó el pasaporte Covid free porque generaba dudas legales y políticas.

Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) planteó que las vacunas contra el coronavirus no deberían ser un requisito para viajar, dado que todavía se desconocen sus efectos en la reducción de los contagios y la duración de la inmunidad.

¿Qué ha pasado?

El pasaporte será una realidad en junio a pesar de esas dudas. No es que se hayan resuelto las contradicciones, es que sencillamente, hemos optado por dejarlas de lado y seguir adelante, privilegiando la reactivación económica.

Pero las dudas siguen ahí.

El certificado verde digital incluirá tres datos básicos sobre cada persona: si ha sido vacunada, si ha superado la infección y por lo tanto tiene anticuerpos, y si se ha sometido a un test PCR y su resultado.

Como recoge el artículo de referencia de El Confidencial, "vacunas, anticuerpos y PCR son las tres llaves para poder viajar libremente por la Unión Europea". Al menos, mientras dure la pandemia. En base a los datos de ese certificado, los países de la UE decidirán si obligan a cuarentena a un pasajero, si le piden o no otras pruebas, si le permiten la entrada libre o bien no le dejan entrar, aunque, como recuerdo de las reticencias iniciales, Bruselas asegura que en ningún caso esos datos servirán para prohibir la entrada a alguien.

“Este certificado está diseñado desde el mundo ideal en el que el 100% de la población está vacunada. Pero la realidad es que en verano gran parte de la población no vulnerable puede no haber recibido sus dosis aún, y es justamente esa población la que más se mueve”, advierte Itziar de Lecuona, directora del Observatorio de Bioética y Derecho (OBD) - Cátedra UNESCO de Bioética de la Universidad de Barcelona, según recoge el artículo de referencia

Son muchas las preguntas que se generan, ya que por un lado la vacunación no es voluntaria, por otro si uno está vacunado o no lo está depende de factores totalmente ajenos a uno mismo, a su voluntad y a su interés, convirtiéndose casi en una cuestión de suerte, o de oportunidad. Si el ritmo de vacunación es el actual... ¿los afortunados que han sido vacunados podrán viajar y el resto, no?

Y hay más dudas:

- ¿Quién tendrá acceso a los datos sanitarios que afectan a la intimidad y privacidad de las personas?

- ¿Quién estará habilitado para exigir el pasaporte?

- ¿Servirá solamente para viajar o será un pasaporte social con usos más extendidos?

- ¿El simple hecho de estar vacunado o inmunizado anulará otras medidas de control como las PCR? Porque no hay evidencia científica sólida de que la vacuna evite la transmisión del virus.

- ¿Se aplicarán cuarentenas a las personas vacunadas para evitar posibles transmisiones del virus?

- ¿Y a las personas demostradamente sanas, pero no vacunadas, cómo se las tratará? ¿Podrán viajar? Recordemos que la vacuna ni es obligatoria ni está llegando a todos por igual.

- Si vacunarse no es obligatorio, ¿es legal tratar a quienes no han querido vacunarse de forma distinta a los que sí se han vacunado?

El riesgo de que el uso de este pasaporte anule derechos es claro, y aunque haya sido orillado por la UE, sigue ahí.

"Potencialmente discriminatorio"

La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), ha advertido de que el pasaporte sanitario es "potencialmente discriminatorio", según recoge El Confidencial. Lo ha dicho así en un comunicado:

“A día de hoy, no se puede descartar que una persona vacunada pueda transmitir el virus. Esta circunstancia puede suponer un importante riesgo ante la aparición de nuevas variantes, más infectivas y transmisibles, para las que la efectividad de las vacunas se ha mostrado inferior. La utilización del certificado con la ‘creencia’ de que el vacunado no va a enfermar y no va a transmitir el virus puede ser un problema de salud pública de primer orden. (…) Puede contribuir a la generación de nuevas ondas pandémicas”

Sin embargo, otros consideran que el peligro de discriminación se salva porque el pasaporte sanitario, de entrada, hará posible un derecho ahora cuestionado como es la libre movilidad dentro de la Unión Europea, y además contemplará tanto las pruebas PCR como la existencia de anticuerpos, por lo tanto no limitará o facilitará la movilidad solamente en función de las vacunas.

Es la opinión de Federico de Montalvo, presidente del Comité de Bioética de España y profesor de Icade, recogida en el artículo de referencia:

"Al permitir tres vías de acceso, la objeción de justicia [la discriminación de premiar a los vacunados] se salva. Una PCR no previene el riesgo al 100%, pero debemos intentar una vuelta a la normalidad asumiendo riesgos tolerables. Por eso el certificado no se aprueba como directiva europea, sino como reglamento, para que sea homogéneo y evitar implementaciones diferenciadas por países. La pregunta que debemos hacernos es: ¿el riesgo frente al beneficio es tolerable o no?”

De momento la UE parece tener claro que sí, que el beneficio merece el riesgo. Y ello a pesar de las dudas sobre las nuevas variantes aún por identificar y la eficacia de las vacunas sobre ellas. Lo que sí parece muy claro para todos es que el certificado deberá ser una herramienta que se actualice constantemente, porque según dice De Montalvo, "la pandemia está viva, va cambiando. Si yo me he vacunado con AstraZeneca, por ejemplo, y viajo a Francia donde resulta que aparece un brote importante de cepa sudafricana, para la que mi vacuna tal vez no es efectiva, hay que poder actualizar esos datos".

La última gran pregunta

Es esta: ¿hasta cuándo? Porque el certificado, o pasaporte, como queramos llamarle, sentará un precedente para que los gobiernos controlen a las personas. Por eso es importante dejar claro durante cuánto tiempo esa herramienta tiene que estar vigente.

Dice De Montalvo a El Confidencial: "En el actual contexto necesitamos medidas para recuperar la normalidad, pero no puede incorporarse al día a día porque entraríamos en un escenario de biopolítica donde la salud se convierte en un elemento de control del individuo. Que esto se convierta en que si tengo una dolencia se me discrimina, o que una empresa tiene miedo a que sufra un infarto en el vuelo y no me deja volar, sería muy peligroso. Afortunadamente tenemos mecanismos de control como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea”.

De nuevo, la vieja lucha entre los derechos y la seguridad, y hasta dónde merece la pena ceder en los primeros para garantizar, si eso es posible, la segunda.

Hacia dónde vamos

En este artículo Vacunas, desconfianza y dos modelos sobre la mesa: europeo y anglosajón, aludíamos, la semana pasada, a dos modelos antagónicos de ser y estar en el mundo, reflejados en todo el proceso de compra de vacunas y estrategia de vacunación por parte de EEUU, el Reino Unido y la Unión Europea.

El otro artículo al que quería referirme hoy, también de El Confidencial: El cambio en el orden mundial: por qué les va bien a EEUU y Reino Unido y a Europa no, va en esa misma dirección y se plantea por qué parece que un modelo, el anglosajón, está teniendo más éxito que el otro, el de la UE.

La conclusión no sé si es preocupante o no, pero a mí me preocupa: los países que están construyendo el nuevo orden mundial, que son EEUU, China y Rusia, tienen muy claro el concepto de "soberanía económica y tecnológica", con sus dos brazos de autosuficiencia e innovación. El objetivo es ser el primero en llegar a la mesa y servirse sin pensar en los demás. El "nosotros primero" de toda la vida. Es lo que ha pasado en la estrategia de compra de vacunas, a la que la UE ha llegado tarde.

Países como Gran Bretaña, Turquía, India, Rusia y Arabia Saudí "parecen conscientes de este cambio y de cómo se están conformando las nuevas relaciones internacionales. Falta esa perspectiva, sin embargo, en la Unión Europea, y la vacuna es un buen ejemplo de la torpe percepción en Bruselas del momento político", dice el autor del artículo de el Confidencial, Esteban Hernández

Pues sí, parece que el nuevo orden mundial se está construyendo sobre algo muy propio del viejo orden: el nacionalismo, que ahora se llama soberanía. ¿Les suena? Tenemos recientes ejemplos de ello con el Brexit y con el proteccionismo económico de Trump, que no está nada claro que haya terminado con Biden.

Dice Hernández que "el nacionalismo de las vacunas es parte del nacionalismo estratégico, tecnológico y energético en el que estamos inmersos, con obvias consecuencias en el plano económico. El mundo ha cambiado porque las dos mayores potencias del mundo [China y EEUU] lo han hecho, y sería absurdo querer jugar en una liga que ya no existe. Estamos en otro escenario, y no porque lo quiera la Unión Europea, sino porque da igual que lo desee Europa o no: las grandes potencias han tomado ya la decisión por ella. La UE utiliza los términos 'autonomía estratégica' y 'soberanía estratégica', pero lo que está en juego es la soberanía, sin eufemismos".

Esto, creo, da respuesta también a la pregunta planteada más arriba sobre dónde han quedado los remilgos éticos y legales en torno al pasaporte de vacunación. Me temo que en el nuevo orden mundial no hay lugar para esas delicadezas. Después de todo, el nuevo orden es el mismo de siempre.

¿Conseguirá sobrevivir la vieja Europa? ¿Podrá resistir al empuje del "nuevo" nacionalismo? ¿Conseguirá ganar el "nosotros primero" y arrastrarnos a todos a esa forma de ver la vida, que finge haber nacido con los nuevos tiempos y es, sin embargo, la más vieja de todas? Los viejos enemigos nunca son vencidos del todo.

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