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Edición España. Un análisis de Esther Mascaró

Semáforo británico y staycations: ¿se repetirá lo del verano de 2020?

El Gobierno británico sigue sin dar respuestas claras y generando incertidumbre en torno a los viajes internacionales 20 abril, 2021 Premium

Análisis/ El Reino Unido pondrá en funcionamiento su semáforo de riesgo Covid por países a partir del 17 de mayo, cuando se supone que el Gobierno de Boris Johnson levantará la prohibición sobre los viajes internacionales de ocio. Sin embargo, las dudas son muchas sobre cómo prevé el Gabinete que se desarrolle el verano, si realmente utilizará el semáforo para dar información veraz a sus ciudadanos sobre a dónde viajar sin riesgo, o si utilizará esa herramienta para intentar que los británicos se queden a pasar las vacaciones en el Reino Unido. Por otro lado, el hecho de que el semáforo califique a los países y no a los destinos regionales preferidos por los británicos también arroja dudas sobre su efectividad y la conveniencia de ese sistema para, por ejemplo, los destinos de playa españoles. Un estudio realizado en el Reino Unido alerta de que para el 17 de mayo, podría haber solamente ocho países en la lista verde y ninguno de ellos es un destino turístico relevante. La mayoría de países europeos estaría en color ámbar.

Un estudio realizado por la consultora de quien fuera el jefe de estrategia de British Airways, Robert Boyle, que recoge el medio sectorial británico Travelmole, muestra que para cuando se levante la prohibición que rige sobre los viajes internacionales de ocio en el Reino Unido, el 17 de mayo, el semáforo que califica a los distintos países por el riesgo de contraer Covid podría mostrar en color verde a solamente ocho de ellos. Y casi ninguno es un destino turístico relevante de verano para los británicos.

Verde y ámbar

Si las previsiones de estos expertos resultan ciertas, solamente EEUU, Gibraltar, Israel, Islandia, Irlanda, Malta, Australia y Nueva Zelanda estarían en la lista verde para los viajes internacionales, mientras que la mayor parte de Europa estaría en color ámbar.

Ello significaría que los británicos podrían librarse de la cuarentena de regreso a su país solamente si vistan uno de esos países en verde, ya que está previsto que, para estos países "verdes" y a la hora de volver al Reino Unido:

- el viajero deberá realizarse un test previo (no está claro si en el destino, antes de salir, o a su llegada al Reino Unido)

- también una PCR el segundo día de su llegada a Inglaterra o antes

- no tendrá que ponerse en cuarentena al regresar (a menos que el resultado de la prueba sea positivo) ni realizar pruebas adicionales.

Por el contrario, si realmente ocurre que casi toda Europa está en ámbar, esto querría decir que los viajeros que regresen al Reino Unido desde uno de los países de la lista ámbar deberán:

- ponerse en cuarentena durante un período de 10 días

- realizar una prueba previa a la salida

- realizar una PCR al segundo día de su llegada

- realizar otra PCR al octavo día. También tendrán la opción de pagar por una prueba COVID-19 privada al quinto día y si el resultado es negativo, podrán finalizar su autoaislamiento antes de tiempo.

Sea como sea, el semáforo tampoco facilita mucho las cosas, además del hecho que la obligación de realizar tantas PCR incrementa considerablemente el coste del viaje, incluso para quienes regresen de un país en la lista verde.

La cuarentena de junio de 2020

Si el semáforo sirve para calificar a países enteros y no se realiza una selección más acotada a regiones, los principales destinos de playa españoles podrían verse perjudicados, tal y como pasó el verano pasado. Una situación positiva de las cifras de la pandemia en, por ejemplo, Baleares, pasaría inadvertida por una posible consideración de España en la lista ámbar. El verano pasado ocurrió algo similar, y los corredores aéreos con regiones concretas al final se vieron frustrados por la decisión del Reino Unido de imponer, el 25 de julio, una segunda cuarentena a toda España.

Un análisis posterior al impacto que significó esa cuarentena hizo pensar a muchos que en realidad la decisión tomada por el Gobierno de Boris Johnson había tenido motivaciones más políticas y estratégicas que sanitarias

Ya con la cuarentena impuesta en junio de 2020, los medios británicos y la industria turística de ese país tenían la mosca detrás de la oreja. El 4 de junio publicábamos en HOSTELTUR este artículo: La cuarentena del Reino Unido: cosa de políticos y no de científicos. La tesis, defendida por gran parte del sector turístico británico y por algunos medios, como The Independent, era que aunque el Gobierno de Boris Johnson había justificado ante el sector turístico, la sociedad y el Parlamento, que la cuarentena que iba a ser impuesta en el país el 8 de junio era una recomendación de los científicos, en realidad no era así.

El principal asesor científico del primer ministro, Sir Patrick Vallace, dejó por entonces claro en varias ocasiones que esta medida sin precedentes había sido decidida solamente por los ministros

Una cuarentena general como la que aplicó en junio el Reino Unido -y luego de nuevo en julio- tiene valor, recordaban entonces los medios británicos, cuando el índice de infección de un país es inferior al de los demás países. De este modo sí que se protege a la población local y se evitan casos importados de países con cifras peores. Sin embargo, el Reino Unido tenía en ese momento una de las tasas de infección más altas del mundo. A pesar de todo, la cuarentena fue implantada.

Inglaterra levantó la cuarentena con España el 4 de julio, permitiendo el reinicio completo de la industria y los paquetes vacacionales. Pero esto duró poco.

La cuarentena de julio de 2020

Tras una breve pausa de relativa normalidad, el Gobierno británico decidió reimplantar la cuarentena, concretamente, a partir de la madrugada del domingo 26 de julio: El Gobierno británico impone de nuevo la cuarentena para España.

Como consecuencia, Escocia, que había anunciado ese mismo lunes que eliminaba la cuarentena para los viajeros procedentes de España, decidió reimplantarla en línea con la decisión tomada por Downing Street. Irlanda no había eliminado a España de su lista de países con necesidad de aislamiento.

En ese momento arreciaron de nuevo las críticas contra el Gobierno británico por parte de la industria turística del país, que calificó de "devastadora" la noticia, además de “excesiva” y no justificada por la evolución del virus en España

Esta decisión significó que los destinos donde el mercado británico es el principal, prácticamente terminaron la temporada o, como mal menor, la vieron muy acortada y limitada a mercados más sometidos a la estacionalidad de julio y agosto.

Sin embargo, y a pesar del gran perjuicio que este cierre ocasionó a la industria emisora británica, los casi 45 millones de británicos que salen al extranjero cada año pudieron gastar su dinero dentro del propio país, como contamos en Cómo el Reino Unido ha hecho que los británicos pasaran el verano en casa.

Las staycations del verano de 2020 en el Reino Unido significaron ingresos extra por valor de 8.000 millones de libras esterlinas (casi 9.000 millones de euros) en el mercado doméstico, un dinero que dejó de ser gastado en su sector emisor de viajes y en sus destinos favoritos, como España (vea: Staycations en Reino Unido: casi 9.000 M € de dinero extra en ingresos).

Las dudas

En este momento, a 20 de abril, el Reino Unido sigue generando más dudas que certezas en la industria de los viajes, en los destinos preferidos por los británicos y en los propios ciudadanos, que están ansiosos por volver a viajar.

No hay día en que un ministro u otro cargo del Gobierno no salga en los medios a advertir que "es demasiado pronto" para pensar en las vacaciones de verano y a desalentar a los británicos a la hora de hacer reservas (vea: El Gobierno británico insiste: reservar ahora para el verano es prematuro).

Desde fuera, y siendo testigo de lo que ocurre solamente a través de lo que trasciende en los medios británicos sobre las intenciones del Gobierno de Johnson, la sensación es que el Gabinete se debate entre dos fuerzas contrarias.

Una, la evidencia del interés por viajar de los británicos y de la necesidad perentoria del sector de los viajes por volver a la actividad. Y la otra, la tentación de dificultar eso al máximo para intentar que el mayor número posible de ciudadanos se quede en casa y gaste su dinero en unas vacaciones dentro del propio territorio, algo que después de tres meses de cierre a cal y canto le iría muy bien a la economía británica

La falta de claridad de las decisiones gubernamentales es tanta, que ese es uno de los motivos que apuntaba el CEO de Jet2, Steve Heapy, para justificar la decisión de cancelar todos sus programas hasta el 23 de junio.

En una carta enviada a sus partners de los diferentes destinos turísticos a los que vuela, explicándoles la decisión, Heapy se quejaba de "falta de claridad" respecto a las posibles fechas de reinicio de los viajes y de los requerimientos que deberán cumplir los operadores a partir de mitad de mayo. Aseguraba que "no podemos operar en este ambiente de incertidumbre y debemos actuar para proteger nuestro negocio y a nuestros compañeros".

Esa crítica, la de generar incertidumbre y no dar nunca una planificación clara con criterios claros, la ha recibido el Gobierno británico numerosas veces desde el sector turístico del país

Así pues, y a pesar de que ya sabemos cómo funcionará el semáforo británico este verano, las dudas siguen siendo más que las respuestas. Unas dudas con doble vertiente: por un lado sobre cuál será este verano la situación epidemiológica y de inmunización en el propio Reino Unido y en los destinos favoritos de los británicos, y por otro, cuál es la intención real del Gobierno de Boris Johnson respecto a los viajes internacionales.

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